domingo, 13 de noviembre de 2011

Rogelio "Pajarito" García Lupo: "El periodismo es trágico"

Aunque, como bien dice Rogelio, la palabra "maestro" haya sido devaluada por esa degeneración balbuceante del lunfardo, la neoparla fierita (que me solivianta tanto como al representante del Ministerio de Educación y Cultura que encarna Capussotto), también su entrevistador dice bien que él es uno de los pocos maestros ("el mejor", dice, en claro desmedro de HV, que nunca quiso, supo o pudo ganarse la simpatía de sus colegas) de periodismo que quedan, en un contexto de aguda perversión del oficio.

Doy fe: Rogelio fue uno de los pocos que me enseñó algo del mismo, junto a Osiris Troiani (como lector, aunque lo conocí y frecuenté cuando ya estaba jubilado) a pesar de haber sido un gorila tremebundo (obsesionado para colmo con el tamaño del pene del General), Alejandro Horowicz, Alberto Szpumberg  y Homero Alsina Thevenet. Pajarito fue muy generoso al compartir sus vastos conocimientos y sucinta filosofía surgida en gran parte del desempeño de este oficio trágico, tan fabricante de escepitismo que alguna vez me dijo --con ironía que no desbarrancó en sorna-- que acaso el mayor éxito de su vida haya sido conseguir que ninguno de sus tres hijos haya sido periodista.

Sus críticos, siempre lo acusaron de hacer demasiadas conjeturas, a lo que Rogelio responde que hacer conjeturas es una obligación del periodista que investiga, ya que es imposible llegar a la verdad -excepto, claro, de pura chiripa- sin trazar hipótesis.


Conocí a Rogelio en la redacción de El Periodista, a la que iba casi siempre con cualquier pretexto por el gusto de charlar con él: es uno de los conversadores más fascinantes que tuve oportunidad de frecuentar.

Gracias a esas repetidas visitas es que me hice amigo de Julio Villalonga, con quien escribí mi primer libro.

Quise entrevistar a Pajarito para la historia del periodismo argentino que estoy haciendo con Omar Quiroga y Oscar Taffetani -dos capos- y no quiso participar en los cuatro primeros capítulos, deprimido por un problema que tiene en los meniscos de una rodilla. Espero que acepte hacerlo en los otros cuatro, para hablar del periodismo en la dictadura y al recuperarse la democracia, ya que su aporte es insustituible.

Cuando se abrió el foso de la 125 con sojeros y clarinetos, Rogelio, que solía escribir en Clarín y justo se había jubilado, quedó como quien dice "en el medio". Pero aunque no siempre se compartan sus opiniones, me parece pertinente sopesarlas en momentos en que hay tantos que combaten a Clarín imitándolo. En todos los sentidos.

Me gusta mi apodo "pájaro" porque me emparenta con él, un fuera de serie. Curiosamente también se apoda como así, "Pajarito", el periodista que coprotagoniza una gran novela, la primera de Eduardo Mendoza, "La verdad sobre el Caso Savolta", un personaje trágico....


Lagarto, lagarto. Vade retro, satán.

Si quieren saber cómo se escribe bien periodismo de datos duros con prosa tan precisa como provista de un espíritu zumbón que pone cada cosa en su sitio sin perder nunca el sentido de la armonía y de las proporciones, lean los libros de Rogelio sobre Perón, Fidel y sus respectivas épocas. Rogelio cuenta claro y sencillo los asuntos más arrevesados.
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Vuelvo a leer esta entrevista en febrero del 2013. Confirmado: Rogelio es un capó. Quien pudiera regalarle aunque fuera veinte años de vida.
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Ahora sí, los dejo con él:

Rogelio García Lupo, el más grande

Amigo y contemporáneo de Gabriel García Márquez, Jorge Masetti, Raúl Scalabrini Ortiz, Federico Vogelius y Rodolfo Walsh. Aunque ya no trajina por las redacciones, todavía lee los principales diarios nacionales cada mañana y en especial los avisos fúnebres que tantos datos le depararon. También piensa publicar más libros. Aquí opina de la "siempre tensa" relación entre gobierno y la prensa, del denominado "periodismo militante" y del impacto de la era digital en este oficio al que le dedicó más de medio siglo. 

Rogelio Juan Miguel García Lupo –"El Pájaro" o "Pajarito"- no cree que la "siempre tensa" relación entre el Gobierno y la prensa sea ahora peor que cuando el gobierno de Juan Domingo Perón clausuró 120 diarios por no incluir "Año del Libertador General San Martín" junto a la fecha o cuando expropió La Prensa. 

Basado en la experiencia de la Cuba revolucionaria, opina que el llamado "periodismo militante" es para semanarios o programas de TV pero nunca para un diario y que la prensa estatal es un "experimento malo" para toda la sociedad.

 Advierte que la era digital es responsable de que las empresas mediáticas se concentren y hayan condenado el futuro del diario y los archivos de papel. Y considera que la consulta en Internet generará repetición de errores y una interpretación única de la historia.

Responsabiliza al periodismo deportivo de la escasa cultura de los jóvenes cronistas y redactores y rechaza ser considerado un maestro por lo bastardeado del término y porque, según concluye, el oficio se aprende en las redacciones y el trabajo cotidiano.

Alejado desde diciembre de 2007 del periodismo, pero aún en actividad como asesor literario, el 16 de noviembre próximo cumplirá 80 años. Diario sobre Diarios (DsD) presenta aquí una semblanza sobre su vida, para lo cual –además de la bibliografía consultada- mantuvo una entrevista personal con uno de los referentes indiscutidos del periodismo nacional. El más grande. 

Nacionalismo y luto 

Nació en la ciudad de Buenos Aires como primer -y luego único- hijo de Ramón Rogelio García Fernández (visitador médico) y Carmen Ángela Lupo (ama de casa). Formado en la educación pública (primaria en la escuela Gregoria Pérez de Recoleta, secundaria en el Julio Argentino Roca de Belgrano), a los 13 años ya militaba en la Alianza Libertadora Nacionalista, junto a Jorge Ricardo Masetti (de su misma edad) y Rodolfo Walsh (cuatro años más grande), con quienes simpatizaban por el coronel Juan Domingo Perón y por el que llegaron a la Plaza de Mayo el 17 de octubre de 1945.

Tras el secundario, García Lupo entró a la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires y también como auxiliar noveno de un juzgado de primera instancia en lo criminal. Por no adherir al luto ante la muerte de Eva Duarte, se quedó sin trabajo y fuera de la nómina estudiantil. Pero con la precisión y síntesis que había aprendido al tomar declaraciones tribunalicias debutó en 1952 en el periodismo en dos publicaciones peronistas: Continente, revista mensual de arte, literatura, viajes y costumbres (dirigida por Oscar Lomuto y en la que colaboraba Osvaldo Bayer) y La Opinión Económica, una semanario de la Confederación General Económica (CGE).

"La relación entre el gobierno y la prensa siempre es tensa en todas partes –opina en diálogo con DsD-. En el primer gobierno de Perón el tema de la libertad de prensa estuvo muy en crisis, sin hablar del caso La Prensa que es paradigmático. En 1950 clausuraron 120 diarios del interior por no haber puesto en la fecha 'Año del Libertador General San Martín' como se había decretado. Como viví esa época puedo decir que no me parece que este episodio (N de la R.: se refiere al "bloqueo" sindical a una planta impresora de Clarín) sea tan grave como aquel, pero lo que puede ocurrir es que esté en curso un pensamiento acerca de la función del periodismo que no se haya conformado con esta expresión de fuerzas sino que esté en desarrollo una aceleración de la crisis de las relaciones con los diarios. El periodismo es una materia muy sensible. Si se hacen proyectos de control de prensa y leyes reglamentarias y todo los demás fatalmente se llega a un punto de crisis, pero la crisis es el mundo normal en el que se desarrolla la vida del periodismo". 

- ¿Y qué opina de la ley de servicios de comunicación audiovisual?

- Justamente, todas estas reglamentaciones son cosas que tienden a no digo a limitar el ejercicio del periodismo, a ponerle pautas a algo que de por sí no tiene pautas. Si no, no es periodismo; son comunicados de prensa o cosas por el estilo. 

- ¿Cree que hay sectores que se concentraron y tomaron posiciones dominantes?

- Si. Lo que pasa es que en la actualidad hay una crisis mundial del periodismo de papel que obliga a crecer a los sobrevivientes de la crisis. Estamos en una época en que el New York Times ha hipotecado su edificio en la ciudad de Nueva York; Le Monde que es un modelo de periodismo, realmente independiente, manejado en buena medida por un consejo formado por redactores, está frente a una crisis que hace temer su desaparición. El magnate de la prensa mundial Rupert Murdoch ha anunciado ya la muerte de la prensa escrita y el periodismo de papel. La tendencia a concentrarse es una tendencia para salvar la ropa. 

- ¿Y esa concentración no cree que le quita libertad al periodismo? 

- Creo que la concentración es un fenómeno económico e incontenible. Y el periodismo tiene que cuidarse de no sobrepasar ciertos límites. Es un tema de responsabilidad social y política. 

- Cuando usted hacía periodismo de investigación, encontraba intereses políticos y económicos. Ahora, además, son las propias empresas las que limitan el periodismo de investigación. 

- Sí claro, es fatal que ocurra en la medida en que el periodismo está hecho por empresas. La opción es o el periodismo que conocemos o la prensa estatal. El experimento de la prensa estatal es malo, pero es malo para todos hasta para el Estado que quiere conducir a la opinión pública a través de la prensa. 

- ¿No rescata ningún ejemplo?

- No. Lo que era la Pravda rusa era una cosa catastrófica. Hacer periodismo de Estado o periodismo militante, es catastrófico porque terminan teniendo las mismas limitaciones. El periodismo propiedad de empresas privadas efectivamente de pronto pone un límite: "a tal grupo empresario no se lo ataca porque es amigo", eso es verdad; pero el periodismo estatal -como era el periodismo soviético- era "al camarada fulano que tiene la responsabilidad de la represa de Dniéper no se lo ataca porque es el preferido de Nikita Kruschev", esto es fatal y confirma que no hay norma para el periodismo, en el sentido de que si es estatal se pierde por un lado, si es privado se corren los riesgos por el otro. El periodismo es dramático.

Periodismo militante y revolucionario


En 1955, García Lupo publicó en "Esto es" una investigación sobre las condiciones de vida y trabajo en los ingenios de Salta y Tucumán y fue a parar cien días al cuadro nueve de la cárcel de Villa Devoto (destinado a presos políticos) por participar de una campaña contra los contratos petroleros del gobierno de Perón con empresas extranjeras. Allí compartió pabellón con obreros y comunistas como Osvaldo Pugliese y Raúl Larra.


Con la llegada de la autoproclamada Revolución Libertadora y el cierre de publicaciones, García Lupo se sumó al vespertino Noticias Gráficas y dos años más tarde a la revista Qué, donde, entre otros, también escribían Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz, de quien recuerda haber aprendido la capacidad que tenía "de organizar la información económica de tal manera que pudiera ser leída por el público". En aquella época también incursionó en radio (Belgrano y Radio argentina) y en el rubro publicitario como redactor de la agencia Publi-art, a cargo la campaña permanente de las máquinas de escribir Olivetti.


En 1958, al participar junto a Walsh de la investigación del asesinato de Marcos Satanowsky (abogado del director de La Razón), abrazó para siempre el periodismo de investigación. Un año más tarde, junto al autor de Operación Masacre, acudieron al llamado de Masetti para fundar la agencia Prensa Latina de la Cuba ya revolucionaria, junto a Carlos Aguirre, Gabriel García Márquez y Juan Carlos Onetti. Con Walsh se alojaban en el departamento 1 del piso 22, en el edificio FOCSA, el más alto de La Habana.


La condición de separado de García Lupo lo hacía trabajar de madrugada, pero ello le permitía tener un diálogo casi diario con Ernesto Che Guevara cuando llamaba a la agencia para que Pajarito le leyera los cables. En aquel proyecto fue secretario de redacción y luego corresponsal fugaz en Ecuador y Chile, porque ya en 1960, García Lupo se incorporó al germen de Primera Plana, el semanario Usted y también en Tarea Universitaria, efímera publicación de la UBA.


En 1959 también entabló corresponsalía con el célebre semanario Marcha de Montevideo (que se extendería hasta 1973), que dirigía Carlos Quijano, a quien García Lupo reconoce como otro de sus maestros. "Aprendí de él la cosa del dramatismo y la alegría del periodismo", comenta hoy.


En 1962 comenzó a compilar su trabajo en libros. El primero fue "La rebelión de los generales", secuestrado al salir por el gobierno de José María Guido; dos años más tarde publicó "Historia de unas malas intenciones" y "A qué viene De Gaulle" y en 1968 "Contra la ocupación extranjera".


En 1969 participó del armado del periódico CGT de los Argentinos junto a Walsh y Horacio Verbitsky, experiencia que hoy rememora con orgullo: "Trabajábamos gratis, que es algo que en general no se hace; pero allí era amateurismo puro, aunque lo singular era que no era un periodismo amateur sino de todos profesionales. Había una militancia. Ése era periodismo militante", del que sin embargo aún tiene dudas. "El periodismo militante como forma exclusiva de periodismo me parece muy peligrosa, incluso para el que cree que se beneficia con el periodismo militante. He visto la decadencia de la credulidad del periodismo en Cuba, donde a nadie le interesa leer Granma, que ya ni siquiera se exhibe. Esto pasa porque la gente que compra un diario se imagina que tiene información", afirma.


- ¿Se podría hacer una analogía con la Argentina?

- No, de ninguna manera. En Cuba hubo una revolución que tenía una justificación histórica muy importante. Se cambió el derecho de propiedad, cosas tan importantes como el ejercicio de la libertad de prensa; ninguna de esas cosas está en camino en la Argentina ni remotamente. Este bloqueo a la planta de Clarín y La Nación es un episodio de teatralización de la violencia. Una forma aparatosa de advertir sobre lo que puede pasar pero nada más que eso. El periodismo militante es para hacerlo en semanarios o en programas de televisión, pero los diarios de todos los días necesitan tener oxígeno, sino la circulación cae fatalmente.



Asilo en el hormigón


En 1970, prohibido por el gobierno de la autoproclamada Revolución Argentina (que encabezaron los dictadores Juan Carlos Onganía, Roberto Levingston y Alejandro Agustín Lanusse), fue corresponsal de Interpress de Roma y colaboró en Primera Plana con el seudónimo de Benjamín Venegas (elegido al azar de la guía telefónica).


Dos años más tarde salió un nuevo libro, "Mercenarios y monopolios en la Argentina de Onganía a Lanusse 1966-1971", cuyos datos en gran parte sacó de la lectura minuciosa del Boletín Oficial, durante mucho tiempo parte de su rutina, como también la de husmear los avisos fúnebres y las notas frívolas de la temporada veraniega en Punta del Este.


"Es un inquieto crónico. Y a la vez dueño de una impensable paciencia. Todas las mañanas, cuando se levanta, lee los diarios, especialmente la sección de avisos fúnebres (...) Para algunos es una suerte de peligro público que hoy está en la calle Florida y mañana aparece en la avenida Mariscal Santa Cruz, en Bolivia, o en la 18 de julio de Montevideo. Suele ser, ciertamente, un peligro que camina", lo describía una nota en la revista Primera Plana en mayo de 1972 en la que él advertía que "la denuncia debe ser totalmente invulnerable. El desmentido, ante la denuncia, debe volver imposible, única forma de que aquella se convierta en arma política eficaz".


En el convulsionado 1973, García Lupo publicó "La Argentina en la selva Mundial", colaboró en la parte de prensa de la campaña de Héctor Cámpora y también en la fundación de la revista Crisis, que sacaba su amigo Federico Vogelius, proyecto que tuvo que abandonar cuando lo designaron director ejecutivo de Eudeba.


Con la llegada del golpe de 1976, García Lupo buscó asilo en la constructora Comarco (responsable, entre otros, del actual edificio de la Biblioteca Nacional) y aunque en 1979 pudo publicar cuatro panoramas semanales sobre América Latina en la agencia Noticias Argentinas (encargo de Horacio Tato, hijo del censor Paulino Tato), fue en 1982 que la primicia de la guerra de Malvinas lo devolvió al periodismo, como corresponsal de la revista Tiempo de Madrid y La República y El Nacional de Caracas.


Con el retorno de la democracia publicó "Diplomacia secreta y rendición incondicional", se incorporó al armado del semanario El Periodista de Buenos Aires (en el que escribió hasta que cerró en 1989) y también integró la comisión investigadora del Congreso que investigó la venta que José Martínez de Hoz hizo de la compañía Ítalo.


En 1989, García Lupo publicó "Paraguay de Stroessner", con el que se había ilusionado con voltear al ex dictador de Paraguay, que se fue antes y ya en la década del 90, incursionó por primera y única vez en la TV en programa Hora de Cierre con Sergio Villarroel (1994-1995). En esos años ingresó a Clarín, donde se jubilaría del periodismo en diciembre de 2007 y donde hasta último día escribía en una máquina de escribir porque si hay algo que también caracteriza a García Lupo es su aversión a la tecnología.


"El periodismo digital -razona- está cambiando y creando un tipo de concentración evidentemente. Para que Murdoch se atreva a denunciar la muerte del periodismo de papel, es porque ya tiene previsto que será el rey del periodismo digital. Acá hay una tradición de prensa escrita y de papel y hay que ver cuánto puede resistir, no sé. Pero las inversiones que se requieren para hacer periodismo digital, están al alcance de grandes grupos económicos".


Sobre lo que ocurre en las redacciones donde ya no hay casi archivos de papel, advierte, que "más que un periodismo sin archivo, habrá un periodismo con archivo único que es la consulta en Internet que es todavía peor. Creo que el archivo de papel está condenado a muerte porque ocupa espacio. Los periodistas jóvenes consultan Internet y repiten los errores de Internet entonces al final es como la frase de Goebbels. Vamos a asistir a una unificación de la interpretación de la historia porque si todo el mundo recurre a Internet, estamos fritos".


El maestro


García Lupo se levanta todavía temprano cada mañana para alimentar una perra cachorra; leer todos los días Clarín y La Nación (los domingos le suma Página 12 y Perfil), y recortar los temas que le interesan para engrosar el archivo personal que ocupa todo un ambiente de su vivienda.


El año pasado, la Biblioteca Nacional le compró la hemeroteca propia que tenía 151 publicaciones en español, que también interesaban a dos universidades de los Estados Unidos. Asomarse al catálogo de esa colección es sumergirse en gran parte de la historia del periodismo gráfico de Iberoamérica de las últimas seis décadas: colecciones completas del periódico de la CGT de los Argentinos, Confirmado, Crisis, Cuestionario, El descamisado, El Periodista de Buenos Aires, Marcha (o la continuación Brecha), Primera Plana o Sur, entre muchas otras y ejemplares sueltos.


Hoy, además de la rutina periodística doméstica, es asesor editorial de Ediciones B (desde 2001), en la que publicó "Últimas noticias de Perón y su tiempo" (2006) y "Últimas noticias de Fidel Castro y el Che" (2007). Dice que tiene en carpeta publicar dos libros, pero que no lo tienta escribir sus memorias "porque esa es la antesala de la muerte y a los 80 años no se puede joder mucho con la antesala de la muerte".


En 2007, recibió el premio homenaje de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, Monterrey (México) y el "Rodolfo Walsh" a la trayectoria de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad Nacional de La Plata, similar al que le entregaron en 2009 en la Feria del Libro.


Sin embargo, rechaza ser considerado un maestro: "Me huele a un tratamiento que en definitiva no es demasiado serio teniendo en cuenta el dicho popular de la palabra maestro 'ey maestro'. Está bastardeado", concluye. Nunca dio clases de periodismo -sólo alguna participación en la Maestría de Clarín- y opina que el oficio se aprende más en la práctica que en las escuelas.


García Lupo reconoce que antes los periodistas tenían más formación ("todos tenían biblioteca en la casa") y que ahora "hay un periodismo que se ha comido la cultura clásica, que es el periodismo deportivo. Sabemos que no hay que ser precisamente un científico para transmitir partidos de fútbol y es muy atractivo porque genera mucho dinero".


Para el final, advierte que "ahora, hay una especie de delegación de la información cuando las empresas contestan las consultas a través de las oficinas de relaciones públicas y el mundo político a través de voceros y ahí se produce una distorsión. Forma parte de la imaginación del periodista ver por dónde llegar a conocer algo frente a una barrera que parece que no se puede franquear. Creo que hay una abrumadora cantidad de información no interpretada que ocupa el espacio que debería ocupar la interpretación".


Palabra de Rogelio García Lupo. Palabra de un maestro.

1 comentario:

  1. Me gustaria agregar, que como productor de radio, siempre encontre en Garcia Lupo una buena predisposicion para compartir su interpretacion de la realidad.
    Una doble cualidad: inteligencia y sagacidad por un lado. Por el otro su calidad humana, con una sonrisa a flor de labios para atender una requisitoria de un colega, como el me honraba.
    Maestro en todo sentido.

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