sábado, 22 de septiembre de 2012

Los nuevos excluídos

por Sonia Gianotti

Las declaraciones espontáneas de manifestantes del último cacerolazo, acompañadas de gesticulaciones y carteles injuriantes, parecen dar expresión directa de un odio originariamente visceral, irracional y que sólo secundariamente encuentra razones argumentativas.

Pero los sentimientos, aún los pasionales, no son meros humores desprovistos de toda lógica, aunque no sea la lógica con que se los pretende explicar. Es posible que las razones con que se pretende justificar el odio enmascaren y denuncien a la vez las motivaciones en que dicho odio se sustenta.

Valga como ejemplo el tema de la Asignación Universal por Hijo.

Cuesta entender por qué este particular beneficio social ha encontrado tanta crítica encendida, tanto rechazo y sobre todo tanta indignada declaración sobre la "indignante" medida.

Un repaso de las argumentaciones: el dinero que el estado "les dá" se malgastaría en alcohol, paco y/o juego. Los beneficiarios son vagos desde  siempre, a quienes el conjunto social mantendría con su esfuerzo; las jóvenes se harán embarazar  ininterrumpidamente al sólo efecto de cobrar las asignaciones; el dinero lo gastan en zapatillas de marca y celulares carísimos, etc, etc.

Si quienes así despotrican no carecen de medios para acceder a esos bienes ¿Cuál es, entonces, el reclamo?¿De qué se sienten despojados para sentir tanto rencor?

Entonces no se trata de lo que no tienen. Se trata de lo que los otros reciben.  Pero, sobre todo, de cómo lo reciben: les llega de arriba. Ni como retribución por un trabajo, ni por mérito ni tan siquiera contrayendo  una deuda. No, se trata de que reciben un Don. De este Don los manifestantes indignados están excluídos.

Estos indignados no son tenidos en cuenta a la hora de ese reparto, así sea un magro o mínimo reparto. No importa el monto, importa que están por fuera de esa fiesta que imaginan tal, por no tener acceso a ella.

Y si de imaginar como gozan los otros se trata, proyectan brutalmente todos sus fantasmas: ellos, los otros,  gozan "viciosamente"del alcohol, del juego, del sexo... y ¡cuánto gozan!: como locos, como cerdos, como negros...

¡Qué impresionante inversión ha producido la Asignación Universal por Hijo! ¡Que los excluídos de siempre sean envidiados por los que supuestamente no tienen nada que envidiar!

Si de los pecados capitales se dice el peor, es porque la envidia es destructora de todo lazo social. No se trata de querer lo que tiene el otro, lo que se envidia es la capacidad de disfrute que el otro manifiesta o se le  supone, Es por esta razón  que el desposeído puede ser envidiado por el poderoso, cuando éste se supone excluído de la capacidad de gozar que imagina en el primero.

En este sentido, no se trata de la  mentada envidia a esa mujer, Cristina, sino a aquéllos a quienes ella dirige su mirada. Ella los mira y les "asigna" un lugar. La política de inclusión, que intenta incluir a los eternos excluídos, es vista por estos indignados manifestantes como una exclusión de ellos mismos.  Entonces, ¡qué revolucionaria es esta Asignación Universal por Hijo! Para ser vistos han debido colgarse un cartel, paradigma de la desposesión, que dice: "en Recoleta también pasamos hambre".

4 comentarios:

  1. El animal humano es angurriento por naturaleza: "Lo importante no es solo que yo tenga, si no que el otro NO tenga".

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  2. Que analisis minucioso y jugoso a la vez ,esta muy bueno y se lo reposteo en mi blog con su permiso.

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  3. El lazo que se funda entre el que da y el que recibe se transforma en una dialéctica perversa: "el NECESITADO" (en su modalidad de genitivo objetivo y subjetivo)Porque (en este caso) LA que da es necesitadA por el que recibe que queda siendo el que LA necesitA; y así se eterniza en ese lugar para seguir recibiendo y no dejar nunca de necesitarLA y recibir, (así no piensa, así no progresa) y sigue siendo necesitado (él mismo, y necesitado por ella para eternizarse en el poder) Eso es perverso y demagogo.

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    1. Lo perverso es utilizar argumentos como el tuyo, el razonamiento simplista y miope, que confunde lo individual con lo social. Eso es ser un sofista porque aunque te parezca que es lógico lo que decís, la conclusión a la que llegás es falsa, partís de conceptos equivocados. No podés analizar la realidad social con criterios de psicología individual (un poco barata, pero bueno, vamos a pensar que sos estudisnte de primero). La sociedad se analiza en términos de distribución de la riqueza; acceso a la educación, a la salud, a la vivienda, igualdad de oportunidades, etc. La ética con que se mide a una sociedad es su grado de solidaridad, su justicia social, su meritocracia. En cualquier estado que se legisle y se aplique un derecho universal (en salud, educación, prestaciones económicas, etc) siempre hay un porcentaje de individuos que no la aprovecharan adecuadamente o directamente la desperdiciarán, pero eso ocurre en todos los ámbitos, y es bastante inherente a la condición humana. Pensá en aquellos que los padres le pagan años y años en facultades privadas carísimas y no aprovechan nada...bueno, también los pobres tienen derecho a "no aprovechar". Pero por sólo un puñado que lo aproveche, habrá valido la pena, y es más aun, los que no aprovechen la posibilidad que se les dió en su momento, transmitirán a sus hijos la idea de que se esfuercen para no caer en el mismo error que ellos. Hacen falta 2 generaciones para que se vea el impacto positivo de estas políticas, a los 20 años se ven los primeros resultados y después crecen exponencialmente. Hay numerosos estudios de las Naciones Unidas, por ejemplo, que recomiendan este tipo de inclusión social. ¿Son las Naciones Unidas, "perversas" y "demagogas"?. No es cierto que el que recibe se instala permanentemente en ese lugar, si pensás eso es que crees que los pobres son una especie inferior que está desprovista de las motivaciones de otros seres humanos: dignidad, curiosidad por aprender, ansia de libertad. Tampoco es propio hablar de una relación de "dependencia" porque no hay "quien da" y "quien recibe", como vos decís. Hay un estado que redistribuye la riqueza y unos ciudadanos que reciben en función de sus necesidades para igualar la diferencia que les afecta por razón de origen, para que haya realmente igualdad de oportunidades y justicia social. Y si pensás -ya me lo veo venir- que tiene que haber "pobres y ricos" , te confundiste de siglo, no estamos en el XVI, este es el siglo XXI.

      SÓCRATES

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