miércoles, 22 de octubre de 2014

POLÍTICA. Coti y Chupete compiten en el desguace de una supuesta progresía que atrasa décadas

Tanto atrasa la oposición que no es infrecuente escuchar que lo que se requiere aqui es un pacto como los de la Moncloa,  que en 1977 dieron inicio a la llamada "transición" española que habría de institucionalizarse con la Constitución de 1978.  Muchos abribocasse la llenan mentando esos pactos sin tener en cuenta que la loada Constitución fue modificada manu militari en 2011 por la alianza contra natura de ex socialistas, neofranquistas peperos y carlistas navarros, a fin de acabar con la soberanía nacional del Reino, subordinándolo a una Unión Europa férreamente gobernada por "la troika" compuesta por la Comisión Europea (CE), el Banco Central Europeo (BCE)  y el FMI, es decir, por estamentos cuyos directivos no son elegidos por los pueblos.
Tampoco toman en cuenta, o no saben, que el gobierno "popular" de Mariano Rajoy -siempre con la complicidad de los ex socialistas y nunca obreros del PSOE- abrogó y arrasó en una sola sesión del Congreso con la mayoría de las conquistas sociales trabajosamente conquistadas durante los gobiernos "socialistas" de Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero.
En fin, no quieren registrar que el último bastión del "socialismo" europeo, el galo, es la punta de lanza imperial a la hora de arremeter contra los gobiernos árabes laicos que repelían las ofensivas yihadistas, salafistas, wahabitas, etc. como la Libia de Muammar Gadafi y la Siria de Bachar al Assad. Que, por suerte y con la ayuda de Rusia e Irán, viene aguantando a pie firme los embates del "Estado Islámico".
Si en conjunto la oposición da grima (y no sólo a los nac & pop: ahí están las arcadas de un Lanata acostumbrado a tragar escuerzos), concita mi curiosidad el derby entre Massa y Macri a ver quien se gana más caudillejos radicales huérfanos de un jefe, algún dirigente nacional de fuste que pueda traccionar votos y evitar que se queden en el llano.
Massa, que rompió con el gobierno prometiendo avanzar hacia un futuro luminoso que abrevaría en las más puras esencias del justicialismo de la mano del ex presidente provisional Duhalde, primereó levantando la candidatura de Gerardo Morales en Jujuy, y la del senador José Cano en Tucumán.
Macri, por su parte, en Córdoba cerró un acuerdo con Oscar "El Milico" Aguad, más allá del que también tiene con el volatinero Luis Juez, que amagaba correr al gobernador De la Sota "por izquierda" y dejo boquiabierta a la platea con su último, sorprendente salto.  Y en Mendoza fogonea una alianza (en otros tiempos contra natura) entre sus amigos gansos del Partido Demócrata y Alfredo Cornejo, intendente de Godoy Cruz y presidente de la UCR.
Massa y Macri compiten en Formosa  la hora de cortejar al diputado nacional Ricardo Buryaile, pero la intendenta de Resistencia, Aida Ayala, ya se inclinó por Macri y dejó plantado a Massa. Macri también se encuentra de animada charla con el diputado riojano Julio Martínez, que el año pasado casi le empata la elección al gobernador kirchnerista, Beder Herrera.
A todos ellos el sobrevaluado alcalde porteño les dice que los votantes de Massa son básicamente peronistas desencantados, y que si no arreglan con él corren el peligro de quedarse sin el pan y sin las tortas.
Para nadie es un secreto que detrás de Massa y Macri se encuentran sendos operadores premiun, los ex ministros del Interior Enrique "Coti" Nosiglia y José Luis "Chupete" Manzano, respectivamente. Y que aunque parezca que compiten ferozmente, cada tanto acuerdan verse para gastarse chanzas y acordar como sacar ventajas de su ventajosa posición: explotar su fama de demiurgos y ofrecer sus servicios para desfacer entuertos que en muchos casos ellos mismos han fabricado.
Por lo pronto se están dedicando a desguazar, descuartizar a la alianza FAUNEN, comenzando por sus miembros de origen radical. Coti susurrándole cosas a la oreja a la casquivana Carrió, y ambos operando por líneas internas con el presidente formal de la UCR, el mendocino Ernesto Sanz. Maniobras que se realizan ante la impotencia de julio Cobos, Hermes Binner y el patético Pino Solanas, desubicado como pirulí en el upite, pero con cinco años largos mas como senador y acceso a una jubilación de privilegio.
En este contexto, todo parece un camino alfombrado de rosas hacia las PASO para Daniel Scioli, que,sin embargo,todavía no puede cantar victoria. Y es que todos los justicialistas con edad suficiente no olvidan cuan  conmocionante fue el triunfo del periférico patilludo Menem sobre Cafiero hace 26 años.
Y aunque todo depende en gran medida de lo que suceda el domingo en Brasil y de la marcha de la economía, el rol de gran árbitro de CFK no deja de crecer, aún en medio de un creciente equívoco. Y es que mientras la Presidenta y sus allegados consideran que La Cámpora es el escudo que nuclea a la militancia joven de lealtad comprobada, muchos peronistas que juzgan imposible seguir siéndolo sin ser fervientes kirchneristas consideran que es precisamente allí, en ese sectarismo, que se encuentra su posible talón de Aquiles.

El PERONISMO APELA A LOS "CAÑOS". Un fragmento de la trilogía de la Resistencia

A manera de trailer, tres breves capítulos interrelacionados de Sin árbol, sombra ni abrigo, segunda parte de la trilogía de la resistencia que Teodoro Boot inició con Espérenme, que ya vuelvo. 

Lo que hizo Uile

Por intermedio de los contactos de Rolando, Friedman se había alojado en la pensión de 118 donde, según informó a la encargada, esperaba la llegada de un amigo de Santa Fe.

El amigo de Santa Fe era De Santis, que en esos momentos se probaba un abrigo azul oscuro, corto y lo suficientemente grueso como para protegerlo del frío de aquel invierno.

–Es un sacón de la infantería de Marina –sonrió Huwiller con picardía–. Le queda bien.

En un relativamente infructuoso intento de contener la risa, Rufino Jara sufrió un acceso de tos. De Santis lo miró con furia y se encasquetó una gorra de pana.

–Vamos –dijo.

–Polilla, ¿entendiste dónde queda la pensión? –preguntó Huwiller. Al asentir Jara, añadió: –De paso le llevás estos dos caños a Morales.

Jara tomó uno de los paquetes, envueltos en papel de regalo. Huwiller puso el segundo en manos de De Santis.

–¿Y esto…? –vaciló De Santis– Esto no es un caño.

–¿Cómo que no? –se extrañó Huwiller. Rasgó apenas el papel, revelando un pequeño cilindro de cartón que sobresalía en un lado del paquete– Esta es la mecha.

–No parece una mecha –comentó Jara, que miraba con interés.

–No parece pero es como si lo fuera. Al compañero que traía las mechas lo detuvieron en Cañuelas. Este es otro sistema. ¿Ve?

Huwiller insistía en explicarles el funcionamiento del dispositivo retardador. De Santis se preguntaba de qué mierda le estaban hablando pero, temiendo que después Perón le pidiera detalles, trató de prestar atención.

–En este gotero hay ácido ¿ve?

Por las dudas, De Santis asintió.

–Usted coloca el gotero en este cartucho del costado ¿ve?

De Santis volvió a asentir.

–Boca abajo lo coloca…

–Al frasquito…

Ahora el que asintió fue Huwiller.

–Sin la tapa, claro.

–Claro.

–Acá, en la mitad del cartucho, ¿ve?, hay unos papelitos de celofán, de ese que viene en los paquetes de cigarrillos.

–Ahí está. Sí, lo veo.

–¿Sabe para que sirven?

De Santis no sabía.

–Para retardar el contacto con el clorato, porque cuando el ácido hace contacto con el clorato, provoca un fuego que hace explotar al fulminante.

–¿El fúlmine explota?

Huwiller demoró unos segundos en entender.

–El fulminante, no el fúlmine. Y claro que el fulminante explota, si para eso está. Es una explosión pequeña…

–Ah, pequeña.

–… que a su vez hace explotar a la bomba.

Mientras De Santis trataba de cerrar la boca en su inútil intento de repetir "bomba", Huwiller le dio el gotero, le acomodó el sacón y los acompañó hasta la puerta.

–Andá con cuidado, pibe –le recomendó a Jara, mientras se despedían en la vereda. Estaba oscureciendo.

De Santis miraba incrédulo el paquete que sostenía en una mano y el gotero que llevaba en la otra. Al fin consiguió hablar:

–Una bomba…

–Así me gusta, Benavides –exclamó Perón cuando De Santis le contó lo de la bomba– Es menester no dar tregua a la tiranía. El trabajo a desgano, el bajo rendimiento, el sabotaje, la huelga, el paro, el desorden, la resistencia pasiva así como la lucha activa por todos los medios y en todo lugar, deben ser la regla.

–Pero no sabe el susto…

–¡Natural! –rió Perón– Si a mí me pusieran una bomba en la puerta de mi casa, imagínese el salto que pegaría.


Eso le diría Perón diez días después, cuando le informara que había dejado de ser Benavides para convertirse en Gómez. Pero, por lo pronto, iba caminando por 54, tratando de seguirle el ritmo a Jara.

Había conseguido convencer al Polilla de no salir por 8 para agarrar por diagonal 73, el camino más corto hacia el Mondongo. "Nada de diagonales, pidió De Santis. Vamos por calles derechitas, eh". El joven aceptó y, siguiendo las indicaciones de don Uile, llevó a De Santis por 54. "Al llegar a 1, doblás a la derecha", le había dicho Huwiller.

Rufino le había tomado el gusto a las diagonales, gracias a las que todo quedaba más cerca, pero en deferencia para con quien a sus ojos era la palabra viva del General, controló su natural tendencia a la indisciplina y, al llegar a plaza San Martín, se abstuvo de cortar camino por diagonal 79. Fue así que, siguiendo por 54, llegaron a 1 y debido a la sempiterna imposibilidad de todos los Jara de distinguir la izquierda de la derecha tuvo lugar el episodio que llegaría a envolver a De Santis de un indeleble halo de leyenda.

Rufino permaneció unos segundos en 1 y 54.

–Para allá –dijo al fin.

De Santis dudó. Le parecía recordar que, según las indicaciones, debían doblar a la derecha, pero, como siempre, se había distraído.

–¿Estás seguro, pibe?

–Psss –repuso Jara, encabezando la marcha. A los veinte metros De Santis se lo llevó por delante: Jara se había parado en seco.

–Guarda –dijo–. Está la cana.

Y aprovechando la oscuridad, de un ágil salto trepó la tapia que rodeaba un terreno baldío y desapareció.

Era inútil que De Santis siguiera susurrando "¿Qué hacés, pibe?" parado en la vereda. Inútil y peligroso: de la esquina aparecieron dos cosacos de la montada que cruzaron la bocacalle al cansino paso de sus caballos, mirando en su dirección. Dominó el impulso de tirar el paquete a la mierda y echarse a correr, aspiró una gran cantidad de aire, sacó pecho y reanudó la marcha hacia 53, para descubrirse en la misma plaza Rivadavia en la que pocos días antes, el capitán Morganti había sido tiroteado desde la Jefatura de Policía.

De Santis no tenía idea de la existencia de Morganti, ni sabía del tiroteo ni, mucho menos, de los tres Sherman que, por órdenes de Valle, Morganti se había abstenido de utilizar para demoler ese imprevisto foco de resistencia. De haber sido el caso, Morganti habría librado a De Santis de la horrenda impresión de encontrarse de pronto ante las mismas puertas de lo que creyó una fábrica de policías.

Empezó a desviarse, entrando en la plaza por un camino de grava. Por el rabillo, alcanzó a ver que los cosacos hacían girar sus cabalgaduras y avanzaban en su dirección, siempre al paso. Aun sin apurarse, pronto lo alcanzarían, conjeturó, sin mucha dificultad. Y lo alcanzarían mucho más pronto si no conseguía dominar su nerviosismo y echaba a correr.

"En cana y con una bomba", se dijo. Lo iban a cagar a trompadas y después lo mandarían a Ushuaia o, peor, a Siberia.

Toda la referencia que De Santis tenía de Siberia era Agustín Magaldi, y resultaba suficiente. "Unidos por crueles cadenas –canturreó involuntariamente–, por la estepa mil leguas haremos".

"¡Cinco mil kilómetros!", tradujo su mente, en forma igual de involuntaria y yéndose para el lado de los tomates.

Respirando con dificultad, tratando de controlar sus pensamientos, se detuvo un instante junto a una garita de Gas del Estado. Más allá de la garita, a escasos 20 metros, se alzaba la alta puerta de doble hoja de la Jefatura de Policía. Aspiró una nueva cantidad de aire a fin de normalizar la respiración y vio que la portezuela de chapa de la garita se encontraba sin candado. Tanteó con los dedos de la mano izquierda y su corazón se encabritó, amenazando con saltar afuera de su pecho: ¡la puertita estaba abierta!

Con un rápido movimiento metió el paquete dentro de la garita. Cuando la estaba por cerrar, recordó el gotero. Tenía que deshacerse también de él. Lo colocó entonces junto al paquete, en el cartuchito del costado y cerró la puerta en el momento en que los montados llegaban a su lado.

–¿Qué hace acá?

–Voy para mi casa –tartamudeó De Santis.

–¿Y por qué se paró?

De Santis vaciló, tratando de imaginar una excusa. Uno de los policías torció el gesto en una sonrisa que más parecía una mueca de repugnancia.

–A mear…, seguro.

De Santis sintió el rubor calentando sus orejas.

–¿Tiene documentos?

–¿Me va a hacer una multa?

El policía lo miró con sorpresa, pero no contestó.

–Documentos –insistió.

De Santis buscó en su bolsillo y le alcanzó la cédula, que el policía miró con atención.

–Así que se llama De Santis –dijo. Al cabo de interminables segundos, se la devolvió–: Circule.

De Santis agradeció y pronto estaba del otro lado de la plaza, en 2 y 51. Sin darse cuenta, la había cruzado en diagonal. Justo en ese momento explotó la bomba.

..........................

¡A mí!

Cuando la bomba explotó volando por el aire la garita de Gas del Estado, los cosacos habían regresado a la esquina de 1 y 53 y se encaminaban hacia el bosque, de manera que la única víctima que hubo que lamentar fue el jefe de Policía Desiderio Fernández Suárez.

El teniente coronel Desiderio Fernández Suárez no sufrió daños físicos sino psicológicos: abandonó su despacho en la Jefatura de Policía y salió a la calle con el rostro desencajado y la Ballester Molina en la mano derecha.

–¡Hijos de puta! –gritaba– ¡Me la pusieron a mí! ¡Me pusieron la bomba a mí! ¡Esto no va a quedar así!

No hubo forma de tranquilizarlo.

.....................

Una porquería de reloj

Además del cólico hepático del coronel Fernández Suárez y la súbita transmUn fragutación de De Santis en Gómez, el estallido de la bomba tuvo otras consecuencias.

El breve lapso trascurrido entre el estallido y el momento en que guardó el frasquito en el cartucho, alarmó a Rolando, quien llegó a la conclusión de que esa clase de retardador era muy imperfecto y casi tan peligroso como el uso de mechas.

Las mechas, en sí mismas, no revestían ninguna peligrosidad, ni siquiera cuando estaban conectadas a un tubo relleno con pólvora, tuercas y clavos. El peligro estaba en la dificultad para distinguir las lentas de las rápidas... pero resuelto este primer obstáculo, ni siquiera las mechas lentas daban tiempo de alejarse lo suficiente. El problema quedó resuelto con el subrepticio regreso de Bolivia del técnico en refrigeración que había ayudado a De Santis a escapar del fusilamiento.

–Mire este reloj –le dijo Rolando.

De Santis miró. Era un reloj pulsera. O más bien lo que quedaba de un reloj pulsera: no tenía malla, ni segundero, ni siquiera la aguja cortita, la de la hora. De Santis no quedó nada impresionado: el reloj era una porquería, pero no quería ofender a Rolando, que tal vez lo había comprado con ilusión, o lo había heredado de su padre.

–Sí –fue todo lo que De Santis dijo.

–Una obra de arte ¿no le parece?

–Ajá.

–Los hace Troxler.

De Santis jamás había escuchado hablar de esa marca, pero como no sabía nada de relojes, excepto que debían dar la hora –cosa para la que ese reloj parecía particularmente incapacitado–, optó por no responder.

–Sabe del tema porque fue policía –prosiguió Rolando.

De Santis se sentía cada vez más confundido. ¿Lo estaría cargando este tipo?

Don Rolando era un hombre muy serio y formal, todo un señor, incapaz de tomarle el pelo a uno, aunque le había conseguido la cédula de un tal Gilberto Gómez…

–La verdad, no entiendo cómo puede funcionar –dijo finalmente.

Para su sorpresa, Rolando tomó su respuesta con toda naturalidad: asintió y alzando el reloj en su mano izquierda, con la derecha agarró un lápiz de punta esmeradamente afilada, que usó como minúsculo puntero.

–¿Ve este tope que Troxler le ha soldado acá?

De Santis vio.

–Cuando la aguja hace contacto con el tope, se cierra el circuito y la corriente eléctrica acciona al detonador…

–Que explota –acotó De Santis, que había comprendido– ¡Siempre explota!

–Pero de este modo podemos darle hasta 55, 56 minutos de tiempo (por prudencia, le aconsejaría que ni un minuto más), como para que la explosión no dañe a nadie.

–No, a mí no me dé ni 55 ni 56 ni nada. Yo ya hice lo mío. Además, el General quiere que saque a Jorge Antonio de la cárcel.

Rolando asintió.

–En eso estamos. Pídale un poco de paciencia.

–Cómo se ve que no lo conoce –bufó De Santis–. Cuando se pone cargoso no hay quién lo aguante.

MURIÓ UN ASESINO Y TORTURADOR: Santiago Pedro Godoy, "Calculín", quien se jactaba de haber hecho de Dios en El Banco

Hace dos años, había sido condenado a 25 años de prisión, pero estaba en su casa 

Murió Santiago Pedro Godoy, "Calculín", el torturador que se jactaba de oficiar de Dios en El Banco

 


(JJS).- Una breve esquela mortuoria publicada en un sitio de internet se refiere a la reciente muerte de Santiago Pedro Godoy, alías "Calculín", de 74 años, un oficial retirado de la Policía Federal condenado a 25 años de prisión por su protagonismo en el circuito de centros clandestinos de detención regenteado por esa fuerza, conocido como ABO (por estar integrado por el "Club Atlético", "El Banco" y "El Olimpo"), luego de que se le comprobaran 152 casos de "privación ilegal de la libertad agravada por la condición de funcionario público", mediando "violencia","amenazas" e "imposición de tormentos".Télam tuvo noticias fehacientes del fallecimiento de Godoy el pasado 7 de octubre, pero ninguna dependencia oficial confirmó la noticia.
Según las noticias recibidas por los editores de esta página, Godoy murió en su domicilio a consecuencia de una caída y un golpe en la cabeza, posiblemente a causa de un derrame cerebral o ACV. Godoy gozaba de los beneficios de la detención domiciliaria que el tribunal le concedió en razón de su edad.. Al momento de fallecer se encontraba con un hijo, aún veinteañero. Aunque éste y sus familiares lo quisieron cremar, no pudieron hacerlo -al menos, en principio- por haber sido calificado su deceso como "muerte dudosa".

Un pequeño anuncio publicado en el sitio Dateas.com por "Jorge Capozzi y familia" confirmó que "Calculín", el hombre que según testimonios de sus víctimas se jactaba en El Banco (el ccd ubicado a unos 200 metros de la Avenida Richieri y el Camino de Cintura que absorbió a parte de los prisioneros del Club Atlético, demolido por la construcción de la autopista a Ezeiza) de ser un vicario de Dios en la tierra, por poder decidir qué prisioneros seguirían vivos, y cuales serían ejecutados en fusilamientos clandestinos o falsos enfrentamientos, espichó el pasado 7 de octubre.

La suerte de los principales torturadores de la Federal fue diversa. Juan Antonio del Cerro, alías "Colores", inventor de la picana automática (a la que bautizó "Susanita") que le permitía ausentarse a almorzar mientras sus víctimas seguían recibiendo descargas intermitentes, murió impune.

En cambio Julio Héctor Simón, alías "El Turco Julián", acaso el más incontinente a la hora de jactarse de sus perversiones, permanece preso, siendo el primer condenado a perpetua.

El que mejor la hizo (morirse no puede ser considerado una buena coartada) fue Juan Carlos Falcón, alías "Kung Fu", que fue absuelto por la sencilla razón de que a la hora de torturar mantenía a sus víctimas "tabicadas", esto es, con los ojos tapados, y eso hizo que no pudieran identificarlo de manera concluyente.

TORTURADORES argentinos recibieron cursos en instituciones españolas


Seguimos publicando la serie de notas que está sacando el diario electrónico Público.es en España más allá de algunas imprecisiones, debido a su innegable interés y sin perjuicio de la gratitud que tengo por haber sido acogido como súbdito del imperio... Es una broma... Fuera de ella, debo hacer constar que el rey Juan Carlos pidió por mi hermano Luis, preso en la Argentina, en ocasión de su visita y, también, que me gusta ser ciudadano español, como lo fueron mis padres y, hasta donde sé, todos mis ancestros. El problema se me presentará si Cataluña (mi exilio, como el otros muchos argentinos, transcurrió en Barcelona, donde tengo familia) se escinde de España, ya que no creo que pueda conservar ambas nacionalidades. En cuanto a la presencia de marinos de los "grupos de tareas" en Madrid, era aun fuerte rumor, casi una certeza, pero no tengo conocimiento de que hayan operado "militarmente"contra los exiliados. JS 

La dictadura argentina y el gobierno de Adolfo Suárez mantuvieron una activa colaboración a nivel represivo, según figura en varios archivos secretos de ambos países.

 
Videla firmando acuerdos de colaboración con el Rey Juan Carlos.
Videla firmando acuerdos de colaboración con el Rey Juan Carlos.GETTY


DANILO ALBIN Madrid 22/10/2014 00:00

El teniente argentino Antonio "Trueno" Pernías, actualmente preso en Buenos Aires por cometer crímenes de lesa humanidad, era un hombre de acción: por sus manos -y su sala de tortura- pasaron muchos hombres y mujeres que hoy siguen sin aparecer. Su compañero Enrique Scheller, alias "Pingüino", también fue señalado por algunos sobrevivientes como un sádico torturador. Entre 1978 y 1980, ambos individuos formaron parte de la embajada de Argentina en España, donde se dedicaron a perseguir y controlar al numeroso colectivo de refugiados argentinos que vivían en este país. A pesar de las denuncias que existían en su contra, el gobierno de Suárez les dio pasaportes y permitió que llevaran revólveres.

Sus nombres no son un caso aislado. Tal como confirman diversos documentos reservados en poder de Público, la delegación diplomática argentina fue utilizada como uno de los principales centros de operaciones de la dictadura en Europa, con una doble misión: controlar a los exiliados y contrarrestar las denuncias internacionales contra el régimen. Allí todos iban armados, gracias a las licencias que el gobierno de Adolfo Suárez concedía sin rechistar. Según consta en los archivos secretos, el embajador Leandro Enrique Anaya tenía permiso para utilizar una pistola Smith Wesson calibre 38. Su secretario, Jorge Vigano, disponía de un revólver Astra, mientras que el consejero económico y comercial, Carlos Vailati, portaba un modelo cobra del revólver Colt. Tampoco faltaba pólvora en el Consulado General de Madrid, donde su máximo responsable, Luis Vila Ayres, gozaba de un "permiso de portación de arma de defensa personal": una pistola Browning calibre 7,65.

Tras dotar de armamento a sus funcionarios, los militares argentinos montaron un servicio de espionaje con sede principal en la embajada de Madrid y sucursales en las oficinas consulares de Barcelona, Bilbao y Cádiz. En esta nutrida red no sólo participaron los funcionarios de las representaciones en España, sino que también tomaron parte los militares que eran enviados a este país bajo la excusa de realizar "cursos de formación" en instalaciones del ejército y la marina española.

Uno de los primeros en cumplir estas funciones fue el teniente coronel Antonio José Deimundo Piñeiro, quien durante el curso 1976-1977 asistió a la escuela del Estado Mayor del Ejército en Madrid. Ya fuese dentro o fuera del aula, Piñeiro tenía la autorización del gobierno español para portar un revolver calibre 38 "modelo detective" de la marca Colt y disponía de pasaporte oficial, al igual que su mujer y sus hijos. Al volver a Argentina en 1977, el experimentado militar se dedicó a coordinar la salvaje represión en la provincia de Misiones, al norte del país. 

Intercambio represivo

Los documentos a los que ha accedido este periódico confirman que España y Argentina mantuvieron un estrecho intercambio de policías y militares para la realización de cursos oficiales. En el marco de esas relaciones, el 23 de septiembre de 1977 el Jefe de la Policía Federal Argentina -una de las fuerzas represivas que secuestraba, torturaba y asesinaba a los militantes antidictatoriales-, Edmundo René Ojeda, hizo llegar al gobierno de UCD el plan anual de becas de ese cuerpo. Por primera vez, la oferta de la dictadura de Videla incluía a miembros de la Guardia Civil y de la Policía.



El gobierno de Suárez no rechazaría la oferta del régimen argentino. El 25 de noviembre de 1977, el ministerio de Exteriores a cargo de Marcelino Oreja confirmó por medio de una carta que un oficial de la Guardia Civil y otro de la Policía Armada estudiarían en Argentina. En concreto, los efectivos elegidos realizarían el curso de Explosivos, que comenzaba el 23 de octubre de 1978 y tenía una duración de diez días, en los que sus asistentes recibirían capacitación sobre el "manipuleo, desarme y transporte de artefactos incendiarios y/o explosivos y la realización de pericias o informes judiciales".

En esas mismas fechas, La Moncloa respondió a la generosidad argentina con una propuesta muy especial a uno de sus marinos, el teniente de fragata Jorge Osvaldo Troitiño. De acuerdo a un documento confidencial de la Armada argentina, Troitiño había viajado a Europa para "prestar servicios en la Agregación Naval" de la embajada en Madrid, aunque utilizaría como camuflaje su participación en el curso de Estado Mayor en la Escuela de Guerra Naval. Gracias al correspondiente permiso otorgado por la Guardia Civil, podía llevar en la cintura un revólver Smith & Wesson calibre 38. El 6 de mayo de 1978, sus profesores españoles lo eligieron para que realizase una exposición sobre Argentina, de manera que pudiese explicar a sus camaradas las bondades del "régimen político" de Videla y su "desarrollo futuro". 

Con ganas de aprender

Troitiño fue uno de los más activos "estudiantes" enviados por la dictadura a España, pero no el único. De acuerdo a los listados oficiales, 33 militares argentinos desfilaron por las dependencias militares de este país entre 1976 y 1983. Siete de ellos se apuntaron al curso de Estado Mayor de la Escuela Superior del Ejército, mientras que otros lo hicieron en la Escuela de Guerra Naval. Entre estos últimos se encontraba el marino Carlos José Pazo, uno de los torturadores que prestaba funciones en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los principales centros de exterminio del país.

Otro de sus compañeros de torturas, el teniente Néstor Savio, también fue premiado con un viaje a España para realizar el curso de Mando de Infantería de Marina en San Fernando (Cádiz), mientras que Ricardo César Araujo -un marino muy activo en la mal llamada "lucha antisubversiva"- consiguió que sus jefes de la Armada lo enviasen a Madrid "en comisión permanente" -lo que le dotaba de protección gubernamental- para acudir al curso sobre "Comando y Estado Mayor de Infantería de Marina".

De acuerdo a una nota confidencial del Estado Mayor de la Armada Argentina, Araujo debía permanecer en España entre agosto de 1980 y noviembre de 1981. En su legajo, sus jefes reconocían su "activa participación" en la "lucha contra la subversión" en Bahía Blanca, una ciudad situada a 600 kilómetros de Buenos Aires. Precisamente por eso, tres décadas más tarde un tribunal de esa localidad lo acusó de "haber formado parte del plan criminal, clandestino e ilegal implementado para secuestrar, torturar, asesinar y producir la desaparición de personas". Cuando viajó a España, Araujo ya cargaba en la espalda todos esos deleznables actos. 

La escuela porteña 

La participación de los 33 argentinos en cursos dictados por las Fuerzas Armadas fue correspondida por parte del gobierno de Suárez con el envío de 14 militares a Buenos Aires para que realizaran distintas asignaturas en dependencias del Ejército y la Marina. "Los cursos realizados por estos oficiales se efectúan en virtud de intercambios de alumnos y como consecuencia de acuerdos firmados en reciprocidad con países con los que se mantienen relaciones diplomáticas desde hace muchos años y que continúan en la actualidad", justificaba en 1998 el ministerio de Defensa español ante un requerimiento de información efectuado por el juez Baltasar Garzón, quien entonces trataba de investigar los crímenes de lesa humanidad en Argentina.



De acuerdo al listado proporcionado en aquel momento por Defensa, entre 1979 y 1983 ocho miembros del ejército español realizaron el curso de inteligencia ofrecido por la dictadura. Varios de ellos visitaron las instalaciones de la ESMA, el mismo recinto donde funcionaba el campo de concentración. El entonces comandante Cristóbal Gil y Gil admitiría este extremo frente a Garzón, ante quien tuvo que declarar el 16 de junio de 1998. De acuerdo a su testimonio en la Audiencia Nacional, Gil y Gil -que prestaba funciones en el SECID- había viajado a Buenos Aires en abril de 1981 para participar en un curso de "Estudios de Personal", dirigido al "aprendizaje de técnicas policiales de identificación de huellas y microfilmación de documentación, así como técnicas de modernización del Servicio de Inteligencia".

Al ser consultado sobre sus visitas a la ESMA, el militar aseguró que había estado allí en tres ocasiones. Cuando Garzón le preguntó por los nombres de sus anfitriones, respondió que no se acordaba de ninguno. Ante su falta de memoria, el juez le mostró varias fotos de los represores que se movían por ese centro, pero no sirvió de nada: su mente continuaba en blanco. Los abogados querellantes le preguntaron si había recibido instrucciones "sobre formas de combatir la subversión", a lo que Gil y Gil volvió a contestar con otra evasiva: "esas eran las técnicas conocidas en España y en cualquier otro país occidental".

El comandante del CESID tampoco estaba al corriente de la utilización de la ESMA como campo de concentración, un aspecto que había sido denunciado en varias ocasiones a nivel internacional por los organismos de derechos humanos. En su declaración, Gil y Gil alegó que ni siquiera sabía que en Argentina había desaparecidos. Como mucho, creía que allí existía un "enfrentamiento entre autoridades militares y grupos ideólogos dispares". El saldo fue de 30 mil personas asesinadas por el terrorismo de estado.

ATENTADO A LA AMIA. ¿Qué hacía el embajador Rafael Eldad allí?

Rafael Eldad.Cuando explotaron las bombas, no había ningún dirigente en el edificio

La Voz y la Opinión es un periódico mensual de la colectividad judeoargentina que antes, hace muchos años, se llamaba La Voz de Israel. Su director, Daniel Schnitman, es un periodista de una honestidad y una franqueza... francamente inhabitual. La editorial del número 230 que acaba de aparecer se titula "Los familiares abren los ojos" y se refiere a la arremetida de Sergio Burnstein contra los dirigentes de "la AMIA y la DAIA (que) no quieren que avance el memorandum (de entendimiento con Irán) porque tienen miedo de enterarse de que los iraníes no tuvieron nada que ver, si ése es el caso, con lo cual se les caería su discurso (en realidad, puntualizo yo, del Estado de Israel) de (que Irán es un) país terrorista...".

Burnstein se burla de estos dirigentes y los políticos que le baten el parche, como Sergio Massa y Patricia Bullrich proponiendo un antijurídico e imposible "juicio en ausencia". Agrega Schnitman: "La realidad es que no existe la mínima prueba cierta que sustente la farsa creada por el fiscal (Alberto) Nisman, y cualquier juicio, sea en ausencia o en presencia, en la Argentina o en las islas Caimán, así lo va a determinar".

Arremete luego Schnitman contra "Itzjak Avirán, embajador de Israel desde 1993 a 2000" a quien define como "el factotum del encubrimiento al controlar estrechamente junto a (Raúl) Beraja y (Carlos) Corach al ex juez (Juan José) Galeano y a sus secueces (Eamon) Mullen y (José) Barbaccia.

Destaca que "Avirán estaba 'casualmente' en las cercanías de la AMIA al momento de la explosión, pero (que) además (también) lo estaba otro conspicuo personaje israelí, el ubicuo Rafael Eldad, a la sazón 'agregado cultural' y desde 2004 a 2008 embajador en Argentina, y actualmente embajador en Brasil".

Recuerda Schnitman que Eldad  visitó la AMIA "esa fatídica mañana del 18 de julio (de 1994) y (que) se había retirado 'poco antes de la explosión', según el mismo le dijo en Israel a la revista 'Aurora' en 2004 cuando fue designado embajador en Argentina".

El remate de Schnitman es a toda orquesta. Luego de preguntarse por que Eldad se retiró "sin esperar a su jefe y a los otros directivos de la DAIA/AMIA que estaban en un café a 200 metros" porque se los había citado a una audición de la Radio Jai, lanzó la pregunta fatal: "¿A qué fue realmente (Eldad) esa mañana a la AMIA?" 

Qué fuerte.