lunes, 28 de julio de 2014

LA REVOLUCIÓN PALESTINA, por Rodolfo Walsh (Primera parte)

Gracias a Horacio Alcántara, que lo acercó.

Publicado originalmente en el diario "Noticias" en junio de 1974 El conjunto de estos materiales es reproducido en base a los Cuadernos de la revista Jotapé (que apareció en los años '80') y a la edición realizada por la Editorial "Último Recurso", en mayo de 2005.

La Revolución Palestina

Rodolfo Walsh, enviado de Noticias, estaba en Beirut el 15 de mayo  cuando un comando palestino golpeó en Maalot. Caminó al día siguiente entre las ruinas de las aldeas libanesas bombardeadas por la aviación israelí. Entrevistó a los principales dirigentes de la Resistencia Palestina; antes había pulsado el sentimiento dominante en El Cairo, Damasco, Argel. En su opinión, los acuerdos tramitados por Kissinger no sellarán la paz en Medio Oriente. La explicación está en el pueblo palestino expulsado de su tierra y en la marea revolucionaria que sacude a ese pueblo.

Esa Revolución es el tema de la serie que empieza a publicar Noticias.

- ¿Cómo te llamás?
- Zaki.
- ¿Qué edad tenés?
- Siete.
- ¿Vive tu padre?
- Murió.
- ¿Qué era tu padre?
- Fedaí.
- ¿Qué vas a ser cuando seas grande?
- Fedaí.

El chico rubio de cabeza rapada y uniforme a rayas que da estas respuestas en una escuela de huérfanos al sur de Beirut, Líbano, resume la mejor alternativa, que tras 26 años de frustración resta a tres millones de palestinos despojados de su patria: convertirse en fedayines, combatientes de la Revolución Palestina.

"¿Palestinos? No sé lo que es eso", declaró en una oportunidad la ex primer ministro de Israel, Golda Meir. Se conoce la eficacia ilusoria del argumento, utilizado en Argelia, Vietnam, colonias portuguesas, para negar la existencia de sus movimientos de liberación. Muyaidín? Connait pas. Libération Front? Never heard of it. FRELIMO? Nao conhece. El enemigo no existe y todo está en orden. Cada una de estas negativas ha hecho correr un río de sangre pero no ha detenido la historia.

Desde hace un cuarto de siglo la política oficial del Estado de Israel consiste en simular que los palestinos son jordanos, egipcios, sirios o libaneses que se han vuelto locos y dicen que son palestinos, pero además pretenden volver a las tierras de las que se fueron "voluntariamente" en 1948, o que les fueron quitadas no tan voluntariamente en las guerras de 1956 y 1967. Como no pueden, se vuelcan al terrorismo. Son en definitiva "terroristas árabes".

Es inútil que en el Medio Oriente estos argumentos hayan sido desmantelados, reducidos a su última inconsecuencia. Israel es Occidente y en Occidente la mentira circula como verdad hasta el día en que se vuelve militarmente insostenible.

La hoja 1974 de esta historia no ha sido todavía doblada y ya tiene varios renglones sangrientos: Keriat Shmonet, Kfair, Maalot, Nabatyé. Es difícil entenderla si se ignoran las hojas 1967, 1948, 1917, y aún las anteriores, incluso las que se salen de la historia y se hunden en la literatura religiosa.

En el principio fue...

Primero –dicen– fueron los caanitas y después fueron los hebreos. Faltaban mil años para que naciera Cristo cuando Saúl fundó su reino, que después se partió en dos. Hace casi 2700 años el reino de Israel fue abatido por los asirios. Hace 2560 años el reino de Judá fue liquidado por los babilonios, y en el año 70 de nuestra era los romanos arrasaron Jerusalén. Estos son los precedentes históricos del Estado de Israel, sus títulos de propiedad sobre Palestina.

El Sha de Irán podría alegar títulos análogos fundado en la invasión persa del siglo VI antes de Cristo, la Junta Militar griega podría recordar que Alejandro ocupó Palestina el año 331, Paulo VI acordarse de que en el año 1099 los cruzados católicos fundaron el reino de Jerusalén.

Los propios historiadores árabes han señalado burlonamente que los caanitas que ocuparon Palestina antes que los hebreos, venían de la península arábiga y eran, en consecuencia, "árabes".

Con la destrucción de Jerusalén –dicen– empezó la diáspora judía, la dispersión. Desde entonces, según la leyenda moderna, el judío anduvo errante por el mundo esperando el momento de volver a Palestina. ¿Cuántos volvieron realmente? Historiadores ingleses afirman que en el siglo XVI vivían en Palestina menos de 4.000 judíos, en el siglo XVIII, 5.000, y a mediados del siglo pasado, 10.000. Es recién a fines de ese siglo cuando algunos judíos empiezan a plantearse el retorno masivo, y cuando ese retorno asume una forma política y una ideología: el sionismo. ¿Por qué? 

Un fruto tardío del capitalismo 

Una respuesta posible a esa pregunta surgió del campo de concentración nazi de Auschwitz. La escribió en 1944, su último año de vida, un judío marxista de 26 años, Abraham León: "El sionismo, que pretende extraer su origen de un pasado dos veces milenario, es en realidad el producto de la última fase del capitalismo".

En esa fase todos los nacionalismos europeos han construido sus estados y no necesitan ya de la burguesía judía que ayudó a construirlos, pero que ahora es un competidor molesto para el capitalismo nativo.

"Repentinamente" surge en esos países el chovinismo antisemita, y se convierten en extranjeros indeseables judíos integrados durante siglos a la vida de los mismos, que, como dice León, "tenían tan poco interés en volver a Palestina como el millonario norteamericano de hoy".

Las persecuciones del siglo XIX afectan más a la clase media judía quea la clase alta, cuyos representantes notorios iban a lograr una nueva integración a nivel del capital financiero internacional.

Aquellos judíos europeos perseguidos que descubrieron en el capitalismo la verdadera causa de sus males, se integraron en los movimientos revolucionarios de sus países reales. El sionismo evidentemente no lo hizo y se configuró como ideología de la pequeña burguesía, alentada sin embargo por aquellos banqueros que –como los Rotschild– veían venir la ola y querían que sus "hermanos" se fueran lo más lejos posible. A fines del siglo pasado esa ideología encontró su profeta en un periodista de Budapest, Teodoro Herzl, su programa en las resoluciones del Congreso de Basilea de 1897 y su herramienta en la Organización Mundial Sionista.

El retorno a Palestina tropezaba sin embargo con el inconveniente de que el país estaba ocupado por una población –500.000 habitantes– que desde la conquista islámica del siglo VII era árabe.

Los fundadores del sionismo negaron el problema. En 1898 Herzl hizo un viaje a Palestina y preparó un informe donde la palabra árabe no figuraba. Palestina era una tierra sin pueblo donde debía ir el pueblo sin tierra. El palestino se convirtió en "el hombre invisible" del Medio  Oriente. Algunos alcanzaron sin embargo a descubrirlo. El escritor francés Max Nordau vio un día a Herzl y le dijo asombrado: "Pero en Palestina hay árabes" y agregó: "Vamos a cometer una injusticia".

En medio siglo, el sionismo reemplazo a la población árabe de Palestina por inmigrantes europeos 

"Palestina es mi país" dice Ihsan. "Nunca estuve en Palestina", dice, "pero algún día volveré porque nuestros comandos están peleando para que volvamos".

Mi padre murió en Abar el Djelili", dice Naifa. "La muerte de mi padre no me duele, porque murió por nosotros".

"Mi padre se llamaba Salah", dice Randa. "Estaba peleando y murió".

Ninguno de los 480 huérfanos de la escuela de Suq el Garb, al sur de Beirut, había visto Palestina si no era a través de los ojos del padre muerto.

En el aula las muchachas se levantaron para saludar al visitante que venía de tan lejos. En el pizarrón había una inscripción en árabe.

Pregunté qué decía. Decía: "Historia Palestina". La idea del Estado Judío surgió a fines del siglo pasado, como el último proyecto de un estado europeo cuando ya no existía en Europa lugar para un nuevo estado.

Ese estado debía en consecuencia instalarse fuera de Europa y el lugar elegido resultó Oriente. La contradicción fue "resuelta" a través de la ideología –el sionismo– y la ideología se alimentó en el mito bíblico y en la simulación de que Palestina estaba deshabitada.

Históricamente, estas construcciones mentales producen víctimas. En 1900 había en Palestina 500.000 árabes y 30.000 judíos. Si en 1974 hay tres millones de israelíes y 350.000 árabes, no hace falta preguntarse dónde están las víctimas: están afuera de Palestina, expulsadas de su patria.

Conviene recordar –porque es la cuestión de fondo– cómo se produce ese trasvasamiento sin precedentes en que la población de un país es reemplazada por otra.

Los primeros inmigrantes no provocaron la desconfianza de los árabes. En 1883 los habitantes de Sarafand recibieron a los colonos que llagabancon estas palabras. "Desde tiempo inmemorial somos hermanos de nuestros vecinos, los hijos de Israel, y viviremos con ellos como hermanos".

Ocho años después sin embargo los notables de Jerusalén pidieron al imperio otomano, que gobernaba Palestina, que prohibiera la inmigración judía, y en 1898 los árabes de Transjordania expulsaron violentamente una colonia judía.

A pesar de las prohibiciones oficiales la inmigración continuó, aprovechando la corrupción de funcionarios turcos y de terratenientes árabes ausentistas que vendían sus tierras. En 1907 se estableció el primer kibutz, granja colectiva que desde el principio excluyó al trabajador árabe. Cuando en 1914 los turcos hicieron su primer y último censo, resultó que había en Palestina 690.000 habitantes, de los que 60.000 eran judíos. Ese año la guerra mundial dio al sionismo su gran oportunidad.

Inglaterra regala Palestina

Foreign Office, Noviembre 2, 1917.

Querido Lord Rotschild:

Tengo mucho placer en transmitirle, de parte del gobierno de Su Majestad, la siguiente declaración de simpatía con las aspiraciones Judías Sionistas, que ha sido sometida al Gabinete y aprobada por él"El gobierno de Su Majestad contempla con simpatía en establecimiento en Palestina de un hogar nacional para el pueblo Judío, y usará sus mejores esfuerzos para facilitar el cumplimiento de ese objetivo, quedando claramente entendido que nada se hará que pueda perjudicar los derechos civiles y religiosos de comunidades no-Judías existentes en Palestina,o los derechos y el status político de que disfrutan los Judíos en cualquier otro país".

"Le agradeceré ponga esta declaración en conocimiento de la Federación Sionista".

Este trozo de papel, en apariencia inofensivo, es el fundamento moderno del Estado de Israel. Se lo conoce como de declaración de Balfour, ylleva la firma del canciller inglés.

Dos años después Balfour aclaró lo que quería decir: "El sionismo,bueno o malo, es mucho más trascendente que los deseos y prejuicios de los 700.000 árabes que ahora habitan esa antigua tierra… En Palestina no pensamos llenar siquiera la formalidad de consultar los deseos de los actuales habitantes del país".

Dos años antes de la Declaración , Gran Bretaña había prometido al Shariff Hussein, la independencia de los países árabes, a cambio de su ayuda en la guerra contra Turquía, aliada de Alemania. Y en efecto fueron soldados árabes los que liquidaron el dominio otomano en Medio Oriente.

La declaración Balfour se conoció después y, finalizada la guerra, sirvió de base para la resolución de la Liga de las Naciones que convirtió a Palestina en mandato británico. En la redacción de ese documento participó la Organización Mundial Sionista.

A partir de ese momento la inmigración creció inconteniblemente, organizada por la Agencia Judía , que formaba parte de la administración británica.

Cuando los ingleses hicieron su primer censo en 1922 había en Palestina 760.000 habitantes, de los que algo más de 80.000 eran judíos: o sea el 11%. Esa proporción había subido en 1931 al 16 y en 1936 al 28%. Ese año se produciría la primera rebelión palestina contra los ingleses, que duró tres años y costó millares de muertos. 

Manual del colonialismo 

Todavía en 1917 David Ben Gurion afirmó que "en un sentido histórico y moral" Palestina era un país "sin habitantes".

Ben Gurion no ignoraba que el 90% de los habitantes eran árabes: decía simplemente que no existían como seres históricos o morales. Por la misma época, según relata Fanon, los profesores franceses de la Universidad de Argel enseñaban seriamente que los argelinos eran más parecidos a los monos que a los hombres.

Este tren de pensamiento, llevado a sus conclusiones prácticas, puede encontrarse en el propio fundador del sionismo, Teodoro Herzl. "La edificación del Estado Judío" escribió "no puede hacerse por métodos arcaicos. Supongamos que queremos exterminar los animales salvajes de una región. Es evidente que no iremos con arco y flecha a seguir la pista de las fieras, como se hacía en el siglo XV. Organizaremos una gran cacería colectiva, bien preparada, y mataremos las fieras lanzando entre ellas bombas de alto poder explosivo."

Algunos colonizadores admitían que los palestinos eran hombres, aunque más parecidos a los pieles rojas. "¿Quién ha dicho –preguntaba en 1921 la Organización Sionista de Gran Bretaña– que la colonización de un territorio subdesarrollado debe hacerse con el consentimiento de sus habitantes? Si así fuera… un puñado de pieles rojas reinarían en el espacio ilimitado de América."

Un ghetto más grande

La mentalidad colonial marcó profundamente el establecimiento de la inmigración judía en Palestina. Se formaron comunidades cerradas, exclusivas, donde el árabe era un intruso. La reventa de tierras a los árabes se convirtió en pecado que las organizaciones terroristas judías castigaron sangrientamente.

Aún a nivel de la clase obrera se instala una perversión de la conciencia que convierte al trabajador árabe primero en competidor del inmigrante, después en enemigo, finalmente en víctima. La Histradut , central sindical judía, no admite en su seno, los boicotea, prohíbe a las empresas judías que compren materiales trabajados por los árabes.

David Hacohen, miembro de la Histradut y años después parlamentario israelí, ha recordado las dificultades que tuvo para explicar a otros "socialistas" ingleses que "en nuestro país uno adoctrina a las amas de casa para que no compren nada a los árabes, se piquetean las plantaciones de citrus para que ningún árabe pueda trabajar en ellas, se vuelca petróleo sobre los tomates árabes, se ataca en el mercado a la mujer judía que ha comprado huevos a un árabe, y se los rompe en la canasta…".

La soberbia racial va moldeando esa sociedad en el más absoluto aislamiento, como si todos los ghettos del mundo se juntaran en un ghetto más grande, pero esta vez deliberadamente encerrado en sí mismo.

Simón Luvich, israelí exiliado en Londres, recuerda con asombro aquella época de su infancia: "Para nosotros, los árabes eran una especie de exótica minoría étnica, que a veces bajaba de las montañas con sus kufeyas… Nunca entendimos de qué se trataba, porque no los veíamos."

Galili, ministro de Información de Israel, seguía sin verlos en 1969: "No consideramos a los árabes del país un grupo étnico ni un pueblo con carácter nacional definido".

Si es ceguera no ver lo que existe, a esa ceguera debe atribuirse la sangre que ha corrido y seguirá corriendo en Palestina. 

En 1947, una resolución de la ONU quitó a los palestinos el derecho a tener una patria

El israelí se jacta ante el mundo de ser el máximo representante en la historia de la Diáspora … Pero quien posee en tal grado el sentimiento del destierro, llega a ser completamente incapaz de comprender que otros puedan tener ese mismo sentimiento. No es cruel que digamos que el comportamiento de los israelíes sionistas con el pueblo original de Palestina es similar a la persecución nazi contra los propios judíos. (Mahmud Darwis, poeta palestino).

El mandato británico sobre Palestina después de la primera guerra mundial permitió cumplir con la promesa, contenida en la declaración de Balfour de 1917, de establecer un "hogar nacional" judío en un territorio poblado por los árabes. Para el sionismo el Mandato era una etapa intermedia, necesaria antes de establecer una población propia en Palestina como base del Estado Judío, objetivo permanente detrás de la fachada del "hogar nacional".

Gran Bretaña favoreció ese proyecto hasta que la inminencia de la segunda guerra mundial le hizo ver que el riesgo de que los pueblos árabes se alinearan junto a Alemania. Las falsas promesas de 1915 se renovaron en 1939.

En mayo de ese año el gobierno británico publicó un Libro Blanco donde reafirmaba que no tenía el propósito de imponer la nacionalidad judía a los árabes palestinos, prometía limitar a 75.000 el número de inmigrantes en los próximos cinco años y, a partir de 1944, no admitir nueva inmigración sin el consentimiento explícito de los árabes.

El Libro Blanco fue un producto tardío e ineficaz del colonialismo ingles. En los primeros 20 años de Mandato la proporción de habitantes judíos en Palestina pasó del 10 al 30%. Solamente en 1935 habían entrado más de 60.000 colonos: en 1940 la población judía se acercaba al medio millón. 

Aceitando el fusil 

Los jefes de la Agencia Judía concibieron desde el principio la inmigración como una "colonización armada" y construyeron una organización semiclandestina, el Haganah, de la que en 1935 se separó un brote terrorista de ultraderecha, el Irgun, cuyo lema era un mapa de Palestina y Transjordania atravesado por un brazo armado y un fusil con el lema hebreo Rak Kach ("Sólo así").

Inicialmente estas organizaciones se limitaron a asegurar mediante el terror la vigencia del boycot antiárabe, pero a partir de 1939 empezaron a prepararse para combatir, también a los ingleses. Curiosamente uno de esos preparativos consistió en el ingreso masivo de judíos en el ejército británico: al final de la segunda guerra su número llegaría a 27.000 hombres, que serían el núcleo del ejército judío para la confrontación final en dos tiempos: contra los ingleses y contra los árabes. 

El empujón nazi 

El estallido de la guerra llevó a su paroxismo la persecución de los judíos en Alemania y brindó un nuevo argumento para la inmigración en Palestina. Ben Gurion resumió en estos términos el sentido y los límites de la alianza entre el sionismo y Gran Bretaña: "Lucharemos junto a Gran Bretaña en esta guerra como si el Libro Blanco no existiera, y lucharemos contra el Libro Blanco como si no existiera la guerra".

En la práctica esto significó desconocer las cláusulas restrictivas del Libro Blanco e intensificar la inmigración clandestina, aún desafiando el bloqueo inglés. Buques cargados de inmigrantes europeos fugitivos del nazismo empezaron a llegar a las playas palestinas. Cuando en 1940 los ingleses pretendieron devolver el cargamento de dos de esos barcos, el buque Patria que debía transportarlos confinados a la isla Mauricio saltó en pedazos en el puerto de Haifa. Allí murieron 250 personas, en su mayoría mujeres y niños. Aunque el sionismo alegó que los propios refugiados volaron el Patria, la opinión mundial se indignó ante la insensibilidad británica.

Recién 18 años después un miembro del Comité de Acción Sionista, Rosenblum, reveló que el Patria había sido volado por la Haganah , sin consultar a las víctimas. "Con nuestras propias manos asesinamos a nuestros hijos", escribió Rosenblum.

Llegan los americanos 

En 1942 el centro de gravedad del sionismo se había desplazado de Gran Bretaña a los Estados Unidos. El 11 de mayo de ese año la Organización Sionista Americana publicó un manifiesto que luego fue conocido como el Programa de Baltimore. Planteaba cuatro exigencias: el fin del Mandato, el reconocimiento de Palestina como Estado soberano judío, la creación de un ejército judío, la formación de un gobierno judío.

En Jerusalén, la Agencia Judía adoptó el Programa de Baltimore como política oficial del sionismo y se desligó del Mandato. Gran Bretaña había cumplido su ciclo. Iba a librar aún acciones de retaguardia, condenadas de antemano, pero dejaría en Medio Oriente –como en la India , como en Irlanda– la semilla de un conflicto inagotable.

Los norteamericanos tomaron el relevo de los ingleses y no lo abandonaron hasta hoy.

Cuando en 1945 se desmoronó el nazismo y se abrieron las puertas de los campos de concentración –las cámaras de gas, los patéticos restos de una infinita carnicería–, un sentimiento de horror sacudió a Europa.

Los europeos tienen una singular capacidad para proyectar los propios demonios a lejanos escenarios. Muchos franceses creen que las atrocidades de Hitler son distintas de sus propios crímenes en Indochina y Argelia: ingleses que no han oído de Kenya se asustan de las persecuciones de Stalin, y algunos italianos están convencidos de que el fascismo nació en la Argentina.

De acuerdo con este esquema, el exterminio de los judíos iba a ser purgado no en el lugar donde ocurrió, sino en Medio Oriente: no por quienes lo ejecutaron o lo permitieron sino por gente que no tenía nada que ver.

El proyecto de un Estado Judío en Palestina se convirtió así en clamor mundial y los dirigentes sionistas lo explotaron serenamente. Los 225.000 sobrevivientes de los campos de concentración fueron canalizados a Palestina aumentando una población que ya al fin de la guerra ascendía al 32%. 

Entretanto se preparaba la guerra. No se había disipado el humo sobre las ruinas de Berlín ni se había desenterrado el espanto total de Auschwitz cuando David Ben Gurion, futura cabeza del Estado de Israel, negociaba en Estados Unidos la compra de armamento pesado y la reorganización de la Haganah por militares norteamericanos. 

Nace una nación 

Una fulgurante campaña de terror contra los ingleses precipitó el epílogo. En febrero de 1947 Gran Bretaña anunció que, en esas condiciones, no estaba dispuesta a seguir gobernando Palestina, y devolvió a las Naciones Unidas el Mandato que le había entregado la Liga de las Naciones.

La Asamblea de la UN discutió siete meses el tema y finalmente elaboró una solución "salomónica". Palestina sería dividida en dos Estados: uno judío, otro árabe.

En ese momento había en Palestina 1.200.000 árabes y 600.000 judíos. Los palestinos poseían el 94% de la tierra y los judíos el 6%. El Plan de Partición de las Naciones Unidas dividió el país en dos. En uno, que se convertiría en el Estado de Israel, y que abarcaba el 60% de las mejores tierras cultivables, había 500.000 judíos y 400.000 palestinos. En el 40% restante, que nunca llegó a convertirse en Estado, y que hoy forma parte de Israel, había 800.000 palestinos y 100.000 judíos.

El mapa resultante es un notable ejercicio de topología en que ambos países aparecen superpuestos, con pasadizos y corredores para comunicar regiones separadas. Lo que no dice el mapa es que la mitad de las tierras de propiedad palestina caían bajo jurisdicción israelí, y que en millares de casos la aldea árabe quedaba separada de las tierras que cultivaban sus habitantes.

El 29 de noviembre de 1947, por una mayoría de dos tercios que encabezaban los Estados Unidos y la Unión Soviética , la Asamblea de la UN aprobó el Plan de Partición y desencadenó la desgracia del pueblo palestino, el genocidio, el éxodo y la guerra.

En la votación los norteamericanos presionaron hasta el límite a los dóciles gobiernos asiáticos y latinoamericanos. Una empresa yanqui compró a la vista de todo el mundo el voto de un país africano. El secretario de Defensa norteamericano James Forrestal, que no era propenso a escandalizarse, pudo escribir: "Los métodos que se han usado en la Asamblea General para presionar y coercionar a otras naciones, bordean el escándalo".

Así nació Israel. Pero la historia no terminaba. Al día siguiente de la votación, el sionismo lanzó todo el peso del terror para despojar a los árabes del territorio que le había dejado el Plan de Partición.

TRAMAS. El sionismo, los atentados de Buenos Aires y el ataque de los buitres

Una nota imprescindible para entender cómo la furia sionista alienta a los buitres a despedazar a la Argentina porque tuvo el atrevimiento soberano de firmar un memorando de entendimiento con la República Islámica de Irán, país arbitrariamente acusado por Israel de haber instigado los ataques a la Embajada de Israel y a la AMIA… que en realidad fueron motivados por "mexicaneadas" en el reparto del producto del narcotráfico con ocasión de su lavado o blanqueo.

PANORAMA POLITICO

Lobby

Por Luis Bruschtein / Página 12

"¿Cuál es la verdad sobre el acuerdo de Argentina con Irán?" fue el título de una solicitada que publicó en junio del año pasado el fondo NML, de Elliott Management a toda página en el diario norteamericano The Washington Post. Una estrategia de los fondos buitre fue usar este acuerdo con el gobierno iraní para difamar al gobierno argentino en la opinión pública norteamericana. Otro aviso mostraba a la presidenta Cristina Kirchner con el ex mandatario iraní, Mahmud Ahmadinejad y titulaba: "¿Pacto con el diablo?". Paul Singer, dueño de Elliott Management, buscaba debilitar a la Argentina y aprovechar el aceitado y poderoso lobby pro invasión a Irán que contribuyó a organizar. Además de ser uno de los mayores soportes económicos de los candidatos derechistas del Partido Republicano, Singer ha entregado cinco millones de dólares en el último año a dos ONG, una de ellas la Fundación para la Defensa de las Democracias, que impulsan acciones contra Irán, incluyendo la opción de una escalada militar abierta.

En Estados Unidos es un tema de debate: ninguno es partidario de los gobiernos iraníes, pero los sectores moderados representados por el presidente Barack Obama prefieren estrategias de negociación y presión pacíficas. Y están los recalcitrantes, los ultraconservadores y guerreristas, como los que sostiene Singer, que vienen presionando fuertemente por una invasión abierta.
El especulador financiero se ha definido como creyente del "excepcionalismo estadounidense" –un término que no hace falta explicar– y piensa que Estados Unidos está en la etapa inicial de una larga guerra contra el mundo musulmán.


Esto es una parte del universo ideológico del dueño de Elliott Management. Pero las publicaciones en The Washington Post iban más allá de una campaña ideológica contra Irán. Porque la firma de esas publicaciones no fueron de Singer ni de los fondos buitre, sino del Grupo de Tareas Americano para Argentina, que es pagado por ellos. La intención apuntaba también al interior de Argentina, a debilitar el frente interno del Gobierno, instalar una semilla envenenada en el seno de la colectividad judía argentina.

Resulta paradójico que este gobierno sea el que más militó en los foros internacionales la denuncia del ataque terrorista contra la AMIA, el que más impulsó las investigaciones y los juicios y, sin embargo, ha sido el más atacado en el último acto que organizó la dirigencia de la colectividad judía argentina en el aniversario del atentado. Hubo arengas en sintonía con esa "doctrina Singer" que es claramente visualizada como extremista y peligrosa en todo el mundo. En los insólitos discursos hubo calificativos desmedidos, como "tenebroso pacto" y hasta se calificó de "traidor" al canciller Héctor Timerman. Siempre hay oportunistas que buscan ganancia en río revuelto y obviamente ese giro no se originó en las solicitadas de los fondos buitre. En todo caso, esas solicitadas y esos discursos constituyen manifestaciones de un proceso de derechización de las dirigencias de la colectividad judía local. Transformación que va a contramano del tradicional espíritu humanista de la cultura judía, un espíritu que produjo grandes artistas y pensadores transgresores y progresistas.

En ese camino hacia situaciones reaccionarias, un acto que debería haber sido monolítico terminó dividido en cuatro. Los discursos exaltados llevaban la semilla de la división de algo que, por el contrario, debería unir a los argentinos en el repudio al atentado terrorista más sangriento que ha sufrido el país. Es un proceso de derechización que, hay que decirlo, acompañó a la derechización de los gobiernos israelíes. Es esquizofrénico hacer un acto de repudio al atentado a la AMIA y a los pocos días llamar a otro para justificar los bombardeos a la población civil en Gaza, donde han masacrado a decenas de niños y mujeres palestinos.

No improvisan ni inventan. Las tramas que fueron delineando los fondos buitre para incidir en el frente interno tienen sus anclajes locales, como el tema iraní. La solicitada del año pasado se preguntaba: "¿Por qué Argentina está dispuesta a negociar con Irán y se niega a hacerlo con sus acreedores que respetan la ley?".

Hay para elegir: trataron de sensibilizar "al campo", con un esfuerzo más propagandístico que efectivo en el Congreso norteamericano, para impedir que Estados Unidos compre carne argentina; advirtieron por la sequía de inversiones en Vaca Muerta si no les pagaban, y hasta publicaron una lista con los candidatos presidenciales argentinos que prefieren, porque serían más "amigables con ellos". Parece burdo, pero no lo es. No buscan tanto el apoyo explícito a sus intereses, sino problematizar la interna en cada uno de esos temas para debilitar al Gobierno y alimentar una especie de fantasía subliminal que relacione la solución de estas problemáticas con la suya. Es una forma también de equipararse con la colectividad judía, con las patronales rurales o con los candidatos opositores como "víctimas" de un gobierno izquierdo-populista de corte autoritario.

Singer es una de las 400 personas más ricas del planeta. Como lo cortés no quita lo valiente, los respaldos financieros a sectores políticos con los que se identifica, los aprovecha también como lobby para sus negocios. Hay una mezcla de interés político e interés económico. No solamente buscan que les paguen sino que además les interesa un retorno a la Argentina de los '90, un país dócil para sus intereses. En gran medida, esa doble faz hace tan difícil negociar con ellos.
Cuando la Casa Blanca respaldó la posición argentina y luego lo hizo el Fondo Monetario, estaba anunciado que este organismo se presentaría como amicus curiae de la Argentina. De repente hubo una contramarcha, la Casa Blanca enfrió su respaldo y lo mismo hizo el FMI. En el medio, el lobby de Singer había logrado que el Congreso citara al secretario de la Reserva Federal, Jacob Lew, quien soportó un durísimo interrogatorio del representante de Florida, el cubano americano Mario Díaz-Balart, un reconocido ultraconservador que considera al gobierno argentino como un enclave izquierdista enemigo. Díaz-Balart acusó a Lew de haber alentado al gobierno mexicano y al FMI para respaldar la posición argentina en contra de los fondos buitre. El lobista o "cabildero" Cornellius Harvey McGillicudy IV, otro ultraderechista del Tea Party, ex representante por Florida, conocido como Connie Mack, forma parte también del elenco estable guerrerista, antilatino y anticubano que integran Diaz-Balart y otros políticos de Miami. Mack fue el encargado de operar contra la delegación plural de legisladores argentinos que viajó a Washington.

En febrero pasado, en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, los senadores también cubanoamericanos Marc Rubio (republicano) y Bob Menendez (demócrata) provocaron una ríspida discusión cuando se planteó la designación de Noah Mamet como nuevo embajador en Argentina. Denunciaron que el gobierno argentino hostiga a los "medios independientes" y no paga sus deudas internacionales. Insistieron que con Cristina Kirchner no se puede considerar al gobierno argentino como "amigo" de los Estados Unidos. Confrontado, Mamet aseguró que en Buenos Aires promoverá que se resuelva la deuda con el Club de París.

Está comprobado que por lo menos tres senadores, entre ellos Rubio y Menéndez, han recibido grandes aportes monetarios de los fondos buitre a través de intermediarios o directamente de estos fondos. En 2011, el Senado norteamericano rechazó un proyecto presentado por Rubio que proponía cortar los créditos del Banco Mundial a la Argentina hasta que no se resolviera el conflicto con los capitales especulativos. Y Menéndez es investigado por el FBI por haber protegido a dos banqueros ecuatorianos prófugos de la Justicia de su país.

El conflicto con los fondos buitre define campos con una claridad casi esquemática. Singer representa lo peor de la política estadounidense. Moviliza a los mismos sectores que han promovido guerras en todo el mundo y que obstaculizan cualquier salida pacífica, desde el Tea Party hasta los cristianos integristas fanáticos, los mismos esencialistas que acusan de hereje a Darwin y respaldaron a Ronald Reagan y a los Bush. Algunos de ellos, como los grupos de Miami, han sido siempre enemigos de los procesos populares en América latina e históricamente han colaborado con la CIA para derrocar gobiernos democráticos e instalar dictaduras. No es casual que ahora reciban aportes de los fondos especulativos.

Los temas que eligieron para dividir el frente interno no son ingenuos. Son cuestiones que ya han provocado situaciones críticas. La publicación de sus presidenciables preferidos no fue ingenua. Los que se quedan callados se alinean con ellos. Mauricio Macri y Sergio Massa aceptaron en silencio esa calificación. Buscaron que Daniel Scioli hiciera lo mismo para provocar un quiebre con el Gobierno. El gobernador bonaerense fue el único de los tres que se diferenció y condenó las maniobras de los "capitales especulativos". Si su objetivo es el regreso a la Argentina sobreendeudada, sus aliados internos están a la vista entre los que participaron en los gobiernos de ese período, los medios que los sostuvieron y los economistas y opinadores que todavía hoy los reivindican. Este sector de la política argentina es el aliado natural de los sectores más recalcitrantes y derechistas de la política norteamericana que forman el lobby de los fondos buitre.

GAZA. “Desesperación y espanto inimaginable”, por Daniel Baremboim

Escribo estas palabras como Mensajero de la Paz para las Naciones Unidas, y como alguien portador de dos pasaportes: uno israelí y otro palestino. Escribo estas palabras con pesar en el corazón, ya que los acontecimientos durante las últimas semanas han confirmado mi convicción de larga data, de que no hay solución militar para el conflicto israelí-palestino. Este conflicto no es un conflicto político, sino humano, entre dos pueblos que comparten la convicción profunda y aparentemente irreconciliable de que tienen derecho al mismo pedazo de tierra pequeño, y eso excluyendo al otro.


Es a causa de que este hecho fue dejado de lado, que todas las negociaciones, todos los intentos por mediar para llegar a una solución del conflicto, que tuvieron lugar hasta el momento, han fracasado. En lugar de reconocer esta verdadera naturaleza del conflicto y tratar de resolverlo, las partes han ido buscando soluciones más sencillas y rápidas. Lamentablemente, como pasa con todos los temas importantes, no hay atajos cuando se trata de solucionar este conflicto. Un atajo sólo funciona cuando conocemos el territorio por donde tomamos el atajo, y en este caso, nadie posee ese conocimiento, por lo cual, la esencia del conflicto permanece desconocida e inexplorada.

Siento una profunda empatía por el temor con el que viven mis compatriotas israelíes hoy: los sonidos constantes de misiles que se disparan, de saber que uno o alguien cercano a uno podría ser herido. Aunque tengo una profunda compasión por la desgracia de mis compatriotas palestinos en Gaza, que viven en el terror y el duelo de pérdidas tan trágicas a diario. Después de décadas de devastación y pérdida de ambas partes, el conflicto hoy alcanzó un nivel de espanto y desesperación inimaginable hace tiempo atrás. Por lo tanto, me atrevo a proponer que este puede ser el momento de buscar una solución real y verdadera al problema. Un cese del fuego es obviamente indispensable, pero no es, por lejos, suficiente. La única manera de salir de esta tragedia, la única manera de evitar más tragedia y horror es, precisamente, aprovechar la desesperanza de la situación y forzar a todos a conversar entre sí. No tiene sentido que Israel se niegue a negociar con Hamas, ni a reconocer un gobierno de unidad; no, Israel debe escuchar a aquellos palestinos que están en posición de hablar en una sola lengua.

En el corazón mismo del acercamiento muy necesario, está la necesidad de un sentimiento mutuo de empatía, o compasión. En mi opinión, la compasión no es un simple sentimiento que proviene de un entendimiento psicológico de la necesidad de una persona, sino que es una obligación moral. Únicamente tratando de entender la desgracia del otro lado, podremos dar un paso unos hacia los otros. Tal como lo dijo Schopenhauer: "nada nos traerá de regreso al sendero de la justicia tan fácilmente, como la imagen mental del problema, la pena y el lamento del perdedor." En este conflicto, somos todos perdedores. Solamente podemos superar este estado de tristeza, si finalmente comenzamos a aceptar el sufrimiento de la otra parte y sus derechos. Solamente a partir de este entendimiento, podemos construir un futuro juntos.

CIA-CHILE. La guerra de los gatos

Jack Devine, ex agente de la CIA en Chile, critica sus "atroces" violaciones a los Derechos Humanos




 

Por Carlos Basso

 

Una de las cosas que más intrigó a Jack Devine en 1971, cuando llegó a Santiago como agente de la CIA, fue la gran cantidad de gatos que se encontró en el barrio en que tuvo su primera casa, de la cual solo dice que "estaba cerca de Bernardo O'Higgins" y también, a pocas cuadras de la embajada de la entonces Unión Soviética.

 

De 31 años por aquel entonces, Devine llevaba poco tiempo en la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos. Una de sus primeras asignaciones fue la Fuerza de Tareas creada al interior de la CIA en septiembre de 1970, dedicada a evitar a toda costa que Salvador Allende asumiera la presidencia, luego de que Richard Nixon estimara que ello era "inaceptable", tras el periplo de Agustín Edwards por Washington.

 

Respecto de su paso por dicha unidad, encargada de la implementación de Track I y Track II (la vía pacífica y la vía militar, destinadas a impedir que Allende llegara a La Moneda), Devine cuenta que "fui asignado a la Fuerza de Tareas como oficial de operaciones, y mi trabajo fundamental era leer todo el tráfico que entraba y sintetizarlo para los jefes".

 

Al ser consultado sobre el ambiente que se vivía allí se limita a señalar que "fue un tiempo de mucha actividad", que el trabajo era "de una clasificación muy alta" y que la Fuerza de Tareas no la componían más de 20 personas.

 

Hace poco publicó en Estados Unidos el libro "Good Hunting", que cuenta de su vida como agente de la CIA en distintas partes del mundo, y causó no poca polémica en Chile, por sus dichos respecto de que la CIA no había estado directamente implicada en el golpe de 1973, así como por sus declaraciones relativas a los fondos que él mismo entregó a El Mercurio.

 

Si bien en momentos se explaya sin problemas, hay otros temas o nombres que Devine ni siquiera puede mencionar tras su paso por la CIA, de la cual llegó a ser el jefe de operaciones a nivel mundial.

 

Station Chief

 

Uno de los nombres que Devine no pronuncia es el de Henry Hecksher, jefe de la estación (oficina) de la CIA en Santiago y de quien sólo se refiere en su libro y en la conversación como "el jefe de la oficina de aquel entonces".

 

Hecksher fue quien advirtió en septiembre y octubre de 1970, en todos los tonos, que la idea de un movimiento en contra de Allende era absurda.

 

Del mismo modo, vaticinó que el plan destinado a secuestrar a René Schneider iba, indefectiblemente, a terminar "en un baño de sangre". Luego de que Allende se pusiera la banda presidencial, Hecksher fue llamado de regreso a Estados Unidos, defenestrado de su cargo y acusado de ser "socialista".

 

Al respecto, Devine, quien en su libro deja entrever que estaba de acuerdo con Heckcher, se limita a señalar que "la oficina en Santiago se oponía a la idea de fomentar un golpe, porque se pensaba que no era factible" y que, una vez asumida la determinación de impedir la presidencia de Allende, la dirección de la agencia envió alguien a Chile, quien le dijo (se entiende que a Hecksher) "mire, si usted no quiere intentar esto, puede irse ahora", pero "él se quedó y siguió las instrucciones, e hizo lo que pudo", relata Devine.

 

Respecto de lo que sucedió finalmente con Hecksher, solo comenta que "cuando alguien lleva las malas noticias, es bien poco popular".

 

Años después, el famoso agente Ted Shackley, quien asumió en 1972 como Director de la División Hemisferio Occidental de la CIA, recordaría que al llegar a ese cargo le dijeron que "la culpa" de que Allende gobernara Chile era de Hecksher.

 

Con el mismo cuidado con que habla de Hecksher sin mencionarlo, Devine responde las preguntas acerca del enigmático David Atlee Philips, agente de la CIA que estuvo varios años en Santiago en los años '50 y que en septiembre de 1970 asumió como jefe de la Fuerza de Tareas. Sin decir su nombre tampoco, señala que "fue un legendario operativo de la CIA" y "un profesional muy conocido de las acciones encubiertas", pero nada más.

 

Los gatos chilenos

 

Luego de dicha experiencia en Washington, bajo el mando de Philips, era casi natural que el primer destino fuera de Estados Unidos para Devine fuera Chile.

 

Y, como lo cuenta en su libro, acá se encontró con los gatos que rondaban por todos lados en su barrio, hasta que un día comentó a sus colegas de la CIA su extrañeza por la población felina.

 

Más de alguien se rió. Todos sabían que él vivía cerca de la legación diplomática rusa y le contaron que la sobrepoblación de gatos era una maniobra de hostigamiento creada por ellos, pues un año antes habían publicado un aviso en un diario, que decía que se acogían gatitos en la dirección que correspondía a la embajada soviética. Por supuesto, los rusos, muy malhumorados, no aceptaban los felinos, por lo cual los chilenos optaban por dejarlos abandonados allí mismo.

 

- Es una historia graciosa, pero no creo que haya sido una buena operación. Las acciones encubiertas deberían ser actuaciones más serias y no deberían consistir en molestar a la gente. No la mencionaría entre las operaciones encubiertas más exitosas de la CIA— rememora Devine desde su oficina de Nueva York, riendo un poco.

 

Por cierto, tiempo después los soviéticos se dieron cuenta de la añagaza y devolvieron la mano, publicando un aviso similar, solo que con la dirección de la Embajada de Estados Unidos en Santiago.

 

Rusos y cubanos

 

Así como en el largo ensayo que escribió en Foreign Policy y en una entrevista que dio a La Tercera Devine asevera que la CIA no participó directamente en el golpe de 1973, también señala que la imagen cinematográfica de la Guerra Fría, de espías de la KGB enfrentándose a los de la CIA poco menos que a tiros, no corresponde a la realidad.

 

-No puedo encontrar en mi memoria más de una docena de incidentes, en toda mi carrera, donde…— señala, sin terminar la frase, agregando que los hombres de la CIA en Chile no estaban particularmente preocupados de las actividades de la KGB, ni tampoco de los agentes de inteligencia de la Alemania Oriental en Santiago, como el legendario Paul Ruschin, pero sí "estábamos muy familiarizados con los cubanos, ciertamente", entre ellos Luis Fernández de Oña (esposo de Beatriz Allende y padre de la diputada Maya Fernández).

 

- Sabíamos (que los cubanos) eran muy activos, que estaban proveyendo entrenamiento y asesoría… pero no gastamos mucha energía en ellos. En realidad, no teníamos una muy buena cobertura de lo que estaban haciendo— puntualiza, precisando que la mención en su libro en orden a que "siguieron" el viaje que Fidel Castro realizó a Chile a fines de 1971 no se refiere a un seguimiento físico, sino por medio de la prensa.

 

- Habría sido muy riesgoso e insensato ir a ver a Castro besando bebés o dando vueltas por todos lados- señala.

 

Los informantes

 

En su libro, Devine cuenta acerca de un "viejo comunista" que se convirtió en su primer informante en Chile.

 

Relata la forma en que lo captó —en una cena con erizos y "apadrinado" por Fred Latrash, el subjefe de la estación de la CIA en Santiago— y hoy admite que manejaba cerca de 10 informantes. En el caso del militante comunista, recuerda que mensualmente se le pagaba un salario de mil dólares.

 

—Los reportes que se hacían eran buenos porque teníamos buenas fuentes políticas que entendían el ambiente y, francamente, como dije en algún lado, algunos de nuestros mejores reportes venían del Partido Comunista— argumenta respecto de los extensos informes sobre el ambiente político en Chile, hoy desclasificados, de los cuales explica que el "arquitecto intelectual" era el sucesor de Hecksher en la estación de Santiago, Ray Warren.

 

—¿Por qué, en esos años un comunista o un socialista podría volverse informante de la CIA? ¿Por dinero u otras razones?

 

—En la Guerra Fría, muchos comunistas o muchos socialistas que se unieron a la filas de la CIA lo hacían por razones ideológicas, cuando se desilusionaban del partido— recuerda, indicando también que "muchas de estas fuentes llegaban a nosotros casi de forma voluntaria".

 

En lo que dice relación con el MIR, puntualiza que también tenían informantes, así como en el GAP, y relata que "recibíamos reportes periódicos de ellos, pero en realidad no eran buenas fuentes", pues precisa que "no eran de alto nivel".

 

Respecto de dicha agrupación, la "bestia negra" de la ultraderecha, señala creer que estaba sobrestimada y que, respecto del gobierno, dicho grupo se vio instalado en "una posición más extrema de la que quizá les habría gustado".

 

-Yo diría, sin embargo, que el más grande error que ellos cometieron y que los dañó por siempre fue atacar a las mujeres de la marcha de las cacerolas. Eso les causó tanto daño que fue, probablemente, una de las pocas historias que tuvo cobertura internacional en esa época— opina, refiriéndose a las manifestaciones que, como dice en su mismo libro, ayudó a organizar y financiar.

 

Pinochet

 

—¿Coincide usted con la famosa frase del ex subdirector de la CIA, Vernon Walters, quien dijo que "Pinochet era un hijo de puta, pero era nuestro hijo de puta"?

 

—Lo único que voy a decir sobre la frase de Vernon Walters es que esa es una cita usada con muchos líderes… la CIA y el gobierno de Estados Unidos muchas veces tiene algunos aliados, no necesito describirlos, con los que no está muy contento y con los cuales se queda atascado.

 

Al respecto, opina que "cuando Pinochet llegó al poder se vio como algo positivo, quiero decir dentro del ambiente de la guerra fría, pero una vez que comenzaron a salir a la superficie las violaciones a los Derechos Humanos, Pinochet comenzó a ser visto con muchas reservas.

 

Chile es un país importante y Estados Unidos debía ponerse de acuerdo con él, pero nunca fue una relación feliz, una vez que las atrocidades salieron a la superficie" precisa, aludiendo a los casos de tortura, de uno de los cuales fue testigo, pues en su libro cuenta que vio las lesiones dejadas en el cuerpo de un militante socialista, que era informante de la CIA y que fue apremiado por los militares poco después del golpe.


http://www.corresponsal.cl/?p=439


PALESTINA-ISRAEL según Žižek

Este texto es comienzos de año, cuando transcurría la calma que precedió la tormenta.

¿Qué es lo que pasa cuando nada pasa?

 

Por Slavoj Žižek (European Graduate School. February 1, 2013. Traducido al castellano  por Isabel Gómez del Pino and Manuel Vargas Ricalde).

El 2 de Agosto del 2009, después de haber acordonado parte del barrio Sheikh Jarrah, en el este de Jerusalem, la polícia israelí desalojó a dos familias palestinas (más de 50 personas) de sus hogares, permitiendo a los colonos israelíes ocupar inmediatamente las viviendas vacías. La policía israelí se basó en una norma del Tribunal Supremo de Israel, no obstante, las familias árabes desalojadas habían estado viviendo ahí durante más de 50 años. Este acontecimiento que, rara vez, ha atraído la atención de los medios de comunicación internacionales, forma parte de un proceso en curso de mucha más amplitud bastante ignorado. Dos años después, esta situación no ha cambiado mucho. El 16 de Octubre del 2011, Israel anunció que planeaba construir 2.600 viviendas nuevas en el sur de Jerusalem pese a la condena de la ONU, la Unión Europea y Gran Bretaña. Si estos planes se implementasen, no solo quedaría dividida la sección árabe de la ciudad del resto de la ocupada Cisjordania, sino que también se disminuirían gravemente las posibilidades de un estado palestino viable y el día a día de los palestinos quedaría perjudicado. La conclusión es obvia: mientras Israel propone de boquilla una solución para un doble-estado, está ocupado creando una situación que hará que la solución del doble-estado sea prácticamente imposible. Sin embargo, es el muro que separa un pueblo de colonos del pueblo palestino y que se sitúa en las inmediaciones de una colina cercana a Cisjordania lo que refleja el sueño que subyace en estas políticas. El lado israelí de la pared está pintado con una imagen del campo que hay detrás pero sin el pueblo palestino, representándose solo naturaleza, pasto, árboles... ¿No es esto una limpieza étnica en su máxima expresión, al imaginar lo que hay más allá de la pared como debería estar: vacío, vírgen, esperando a ser colonizado?

A veces maquillan este proceso bajo la apariencia de una construcción de índole cultural. El 28 de Octubre del 2008, el Tribunal Supremo de Israel decretó que el Centro Simon Wiesenthal podría proceder a construir el tan planeado “Centro para la Dignidad Humana, Museo de la Tolerancia” en un lugar polémico en el centro de Jerusalem. El museo se encuentra actualmente en construcción. El diseño del enorme complejo se encargó a Frank Gehry (¿quién más?), hasta que este se retiró del proyecto en 2010. Se tratará de un museo general, un museo para niños, teatro, centro de conferencias, librería, galería, centros de lectura, cafeterías y demás. El museo declaró que su misión será promover civismo y respeto entre los diferentes segmentos de la comunidad Judía y entre la gente de todas las religiones - el único obstáculo que se presenta (ignorado por el decreto del Tribunal Supremo) es que el sitio que ocupará el museo ha sido el principal cementerio Musulmán hasta 1948 (la comunidad Musulmana apeló al Tribunal Supremo que la construcción del edificio profanaba  el cementerio que supuestamente contiene los huesos de los Musulmanes asesinados durante las Cruzadas del siglo doce y trece). Esta oscura promoción representa maravillosamente la verdad oculta de este proyecto multi-confesional: es un lugar que celebra la tolerancia, abierto a todos … pero protegido por la cúpula israelí, que ignora a las víctimas subterráneas de la intolerancia - como si uno necesitara un poco de intolerancia para crear un espacio de verdadera tolerancia.

¿Qué significa todo esto? Para llegar al verdadero significado de las noticias, a veces solo se necesita leer dos noticias totalmente dispares juntas - el significado se extrae al detectar el vínculo que las une, como si viéramos un destello explotando de un cortocircuito eléctrico. El 21 de Septiembre del 2011, Obama criticó la apuesta Palestina de membresía a la ONU, declarando al mundo que “la paz no llegará mediante declaraciones y resoluciones de la ONU”. Menos de una semana después, el 27 de Septiembre, Israel anunció sus planes de construir una nueva colonia de 1.100 asentamientos en el sur de Jerusalem (fuera de las fronteras establecidas antes de 1967), a lo que el cuarteto: EE.UU., Unión Europea, ONU y Rusia respondió simplemente que ambos bandos regresaran a las negociaciones y “se abstuvieran de acciones provocativas”, sin hacer ninguna mención al congelamiento de la ocupación.



Entonces ¿deberían los palestinos mantenerse quietos mientras, día tras día, les arrebatan de sus manos la tierra de Cisjordania? Hay activistas israelíes liberales a favor de la paz que presentan el conflicto con los palestinos en términos “simétricos” y neutrales y admiten que hay extremistas en ambos bandos que rechazan la paz, etc., sin embargo, ante estas afirmaciones, debemos hacernos una pregunta muy simple: ¿Qué es lo que pasa en el Medio Oriente cuando no pasa nada allí a un nivel directo político-militar (por ejemplo cuando no hay tensiones, ataques, negociaciones)? Lo que pasa es que se produce un lento e incesante trabajo de ocupación de la tierra de los palestinos en Cisjordania: el asfixiamiento gradual de la economía Palestina, la parcelación de su tierra, la construcción de nuevos asentamientos, la presión a granjeros palestinos para que abandonen sus tierras (desde quema de cultivos y profanación religiosa hasta asesinatos individuales), todo esto apoyado por una red Kafkiana de reglamentos legales. Saree Makdisi, en Palestine inside out: An every day occupation (Palestina desde adentro: Ocupación día a día), describe como, aun y cuando la ocupación israelí de Cisjordania se aplica, en última instancia, mediante las fuerzas armadas, se trata también de una “ocupación burocrática”. Los primeros medios utilizados son solicitudes de inscripción, títulos de propiedad, papeles residenciales y otros permisos. Esta microadministración de la vida diaria es la que asegura la lenta pero firme expansión israelí: hay que pedir un permiso para marcharse con la familia, para cultivar la propia tierra, para excavar un pozo, para trabajar, para ir a la escuela, al hospital... A los palestinos nacidos en Jerusalem, uno por uno, se les está arrebatando los derechos de vivir ahí, bloqueando los medios para ganarse la vida, negando los  permisos de vivienda, etc. Con frecuencia, los palestinos usan el polémico cliché “el campo de concentración más grande del mundo” para referirse a la Franja de Gaza. Sin embargo, esta designación se encuentra peligrosamente cerca de la verdad. Esta es la pura realidad, una realidad que convierte a todas las plegarias de paz en ruegos ofensivos e hipócritas. El Estado de Israel está claramente comprometido en llevar a cabo este proceso lento e invisible, ignorado por los medios, como si estuvieran quitando manchas, hasta que llegue el día en el que el mundo se despierte y se de cuenta de que ya no existe la Cisjordania de Palestina, que lo que existe es una Palestina-judía, y que sólo podemos aceptar los hechos. El mapa de la Palestina Cisjordania ya se ve como un archipiélago fragmentado.

En ciertos momentos, el Estado de Israel ha tratado de contener sus propios excesos, por ejemplo cuando el Tribunal Supremo ordenó la evacuación de algunos asentamientos a finales del 2008 cuando los ataques ilegales de los colonos a los granjeros palestinos de Cisjordania se habían vuelto un hecho diario. Pero, como muchos observadores notaron entonces, estas medidas no eran demasiado entusiastas, contrarrestándose con políticas que, a un nivel más profundo, son las políticas a largo plazo del Estado de Israel que  violan masivamente los tratados internacionales firmados por el propio Israel. Netanyahu está implementando sin pausa planes de nuevos asentamientos ilegales a pesar de la fuerte condena internacional. La respuesta de los colonos ilegales ante las autoridades israelíes es básicamente la siguiente: Estamos haciendo las mismas cosas que ustedes, sólo que más abiertamente, entonces ¿qué derecho tienen para condenarnos? Y la respuesta del estado es básicamente: Sea paciente, no se apresure demasiado, estamos haciendo lo que usted quiere, sólo que de una manera más moderada y aceptable. La misma historia parece repetirse desde el año 1949: mientras que Israel acepta las condiciones de paz propuestas por la comunidad internacional, este calcula que el plan de paz no va a funcionar. Lo que hacen los colonos salvajes suena a  veces como Brünnhilde del último acto de Die Walküre de Wagner... como si reprocharan a Wotan que, al contrarrestar su orden explícita y proteger a Siegmund, ella sólo estaba realizando el verdadero deseo de Wotan,quien tuvo que renunciar forzado por las presiones externas. De la misma manera, los colonos ilegales sólo realizan los verdaderos deseos del estado que se ve obligado a renunciar debido a las presiones de la comunidad internacional. Mientras que el Estado de Israel condena los excesos realizados por los colonos ilegales, promueve, al mismo tiempo, nuevos asentamientos “legales” en Cisjordania, continúa asfixiando la economía Palestina, etc. El cambiante mapa del este de Jerusalem, donde podemos ver como se está rodeando poco a poco a los palestinos y se les están quitando espacio, lo dice todo. La condena a la violencia anti palestina esconde el verdadero problema del  estado de violencia, la condena de los asentamientos ilegales esconde la legalidad de los legales. Es ahí donde reside la doble faceta de la muy alabada imparcial “honestidad” del Tribunal Supremo  Israelí: promulgando de vez en cuando decretos a favor de los desposeídos palestinos y proclamando su ilegalidad, este garantiza la legalidad de la mayoría de los casos restantes.

Para evitar cualquier malentendido, tomar todo esto en cuenta no quiere decir que se justifiquen actos terroristas inexcusables, al contrario, queremos proporcionar la única visión desde la que podemos condenar ataques terroristas sin hipocresía.